Variaciones alrededor de Maquiavelo

La construcción de lo político. Maquiavelo y el mundo moderno, Jorge Velázquez Delgado (coordinador)
(México, Universidad Autónoma Metropolitana, 2016)

La revisión plural de la obra y de la vida de Nicolás Maquiavelo (1469–1527) es indispensable para dimensionar el legado, las influencias y el perfil del pensador florentino, sobre todo en una época en que la política goza de tan mala fama, en que los príncipes republicanos ―válgase la contradicción― son cuestionados, alabados ―en muchas ocasiones acríticamente― o linchados en las piras de las redes sociales; por otra parte, resultaría tarea descomunal para una sola persona estudiar las múltiples posibles aristas de la herencia maquiaveliana y mantener un mínimo de rigor en relación con cada aspecto, más aún en una época en la que, al parecer, se está desvaneciendo el interés por los estudios clásicos y renacentistas, al tiempo de preferirse los estudios sobre temas impuestos por la moda; así pues, este valioso conjunto de textos que coordinó Jorge Velázquez Delgado, con el título La construcción de lo político. Maquiavelo y el mundo moderno, pretende ―y considero que consigue― mostrar el pensamiento de Nicolás Maquiavelo como plenamente vigente o actualizable, en su condición de pensamiento moderno y, que a manera de buffet, ofrece perspectivas de estudio que atienden una evidente variedad de intereses intelectuales y prácticos. En tal sentido, la compilación reúne textos de autores que se demoran en la exploración de esta o aquella vertiente de la obra del florentino, ya se trate de Discursos sobre la primera década de Tito Livio (1512–1517), de El Príncipe (1513) o de La Mandrágora (1518); otros centran su análisis en el árbol conceptual del pensamiento maquiaveliano; otros más vinculan al personaje con actores de la época o analizan su influjo en pensadores de otras latitudes, particularmente en el caso de los españoles de los siglos XVI y siguientes; todo ello al amparo de la modernidad como leitmotiv y de la escisión del análisis político puro y duro, respecto del pensamiento religioso y moral que justamente caracteriza dicha modernidad.
El 10 de diciembre de 2013 se celebraron los 500 años de la escritura de El Príncipe, prolongado lapso en que la obra se consolidó como un clásico, un referente obligado para entender el fenómeno estatal y aun como fundamento de la ciencia política moderna; lapso en el que asimismo ha sido posible asimilar sus aportaciones, ya despojadas de la herencia teologal previamente asociada a lo político y es con la intención de remembranza que se hace esta breve reseña.
La estructura fundamental de la compilación se puede dividir en tres grandes apartados o temáticas, aunque no se encuentren segmentados especialmente:
En la primera parte se presentan provechosos trabajos sobre el entramado conceptual maquiaveliano; se abordan conceptos humanismo secular, República asociada a la libertad y a la legitimidad de la detentación del poder político, razón de Estado y el tan llevado y traído arte del engaño, analizado como antivalor privado que ha definido, acaso excesivamente y con frecuencia de manera superficial, al signore Machiavelli; en este apartado también encontramos una contextualización histórica y el análisis de los precursores del secretario florentino.
Un segundo apartado del libro, formado por el amplio espectro de la influencia ejercida por Maquiavelo y las experimentadas por este; se concibe como un diálogo intelectual que el florentino ha mantenido con otros pensadores tanto del mundo grecolatino —de su propia época y posteriores— como de los primeros liberales ingleses.
Finalmente, en el tercer apartado, se exponen estudios sobre autores españoles y novohispanos y la influencia que recibieron de la obras de Maquiavelo; se muestra el ánimo adverso con que fueron recibidas sus ideas en el círculo intelectual ibérico, donde resuenan nombres como los de Juan de Mariana, Francisco Suárez, Francisco de Quevedo, Calderón de la Barca, Diego Saavedra Fajardo, Juan Ginés de Sepúlveda, entre otros; y, en el caso de autores del siglo XX, comentarios sobre las reconstrucciones históricas de un Federico Chabot o filosóficas de autores tan disímiles como Hannah Arendt o Louis Althusser que ayudan a aquilatar y a poner en perspectiva las propuestas conceptuales en juego.
Solamente con el fin de ilustrar al lector, pueden traerse algunos botones de muestra de esta compilación, por ejemplo, entre algunos de los escritos que destacan la importancia de la obra de Maquiavelo para entender el planteamiento de la modernidad, es el caso de «El humanismo secular de Maquiavelo», de Francisco Piñón Gaytán, es el primer texto de la compilación y aborda el tema que inaugura la edad moderna: la secularización de la política y del hombre, por consiguiente, centrando en las acciones puramente humanas la organización y gobierno de los hombres, atendiendo exclusivamente a razonamientos y cálculos de un príncipe que conoce el arte (técnica) de la política, cambiando la Ciudad de Dios por la Ciudad de los hombres; como dice el autor:

Maquiavelo abandona el Medioevo en cuanto el Reino del Hijo y con su modernidad, hecha de eficacia, aplicada a tiempo y circunstancias de la temporalidad, entraba al Reino del Espíritu. El nuevo Espíritu de un Renacimiento que comenzaba a volar con sus propias alas. Conciencia de ser hombre y hacer y re–hacer su propia historia.

Este texto se hilvana perfectamente con el de María del Carmen Camarillo Gómez que aborda «El papel del engaño en la política y la guerra para Nicolás Maquiavelo» y que plantea que es precisa la eficacia del engaño lo mismo para gobernar una ciudad que para ganar una guerra, bajo la consideración de que hay una maldad congénita en el hombre y una constante motivación por satisfacer sus intereses, aquí se muestra el engaño como una estrategia de la prudencia en el marco de una ética pública, necesaria para conservar el Estado.
Ahora bien, como un aporte para conocer el sustrato del pensamiento maquiaveliano, en el texto «Maquiavelo: ¿Un político aristotélico?», presentado por Elisa de la Peña, podemos asomarnos a lo que constituye una raíz del pensamiento del florentino que llega a la filosofía aristotélica; en este texto la autora pretende demostrar que Maquiavelo nunca rompió con el pensamiento político clásico y que entre Aristóteles y el florentino hay coyunturas visibles, como la reivindicación del bien teleológico; del estudio de los variados regímenes de gobierno y de su decantación por los plurales en contra de los unipersonales; de la relación medios/fines, y, asimismo, de la prudencia, entre otros aspectos, lo cual es importante, en especial, porque frecuentemente se asocia a Maquiavelo mayormente con la tradición latina.
Por otro lado, quien tenga curiosidad por las influencias o el impacto del pensamiento del secretario florentino en otros filósofos encontrará en este libro una variedad de textos que abordan la relación intelectual con Baruch Spinoza, Étienne de La Boètie o, como ya lo habíamos mencionado, los teóricos políticos ingleses, punto particularmente atractivo, pues aborda ese momento maquiavélico en conexión con la transformación de los vicios privados en virtudes públicas en favor de una economía próspera, especialmente relacionado con Bernard Mandeville; o con los pensadores ibéricos del siglo XVI, para quienes el pensamiento maquiaveliano no era el adecuado en la formación de un buen príncipe católico y menos en la de sus súbditos, lo que los llevó a producir en forma prolija obras destinadas a denostar sus postulados y otros, veladamente, a reconocer la valía de los mismos.
Lo dicho sirve para evidenciar la vigencia del pensamiento maquiaveliano y también para comprender el transcurrir de la tradición política occidental y moderna, especialmente en lo que tiene que ver con nuestro propio entorno, quizás para quitarnos las anteojeras de la ingenuidad en los asuntos de la res publica y, por otro lado, para dimensionar la magnitud de gobernar un Estado moderno en un mundo interconectado. Luego de medio milenio desde la publicación de El Príncipe, de acontecimientos bélicos, económicos y políticos tan importantes como las guerras mundiales del siglo XX, el proceso de industrialización y el auge de las democracias en el mundo, se hace importante leer y releer a Maquiavelo bajo perspectivas diversas, lo cual nos brinda la oportunidad de volver la mirada al origen de nuestra modernidad, por lo que queda formulada la invitación para explorar el legado del enorme secretario florentino según las preferencias respecto de ciertos aspectos de su obra y, asimismo y en su caso, como una provechosa y sugerente introducción a su pensamiento.

Juan Carlos Merlín

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