Presentación

No defiendo su opinión,
porque no me parece verdadera;
mas defenderé a toda costa su derecho a decirla.

Así afirmaba Voltaire su principio de tolerancia, ante la envidia de muchos, que la hubiéramos querido concebir y pronunciar antes que nadie, no nos queda más remedio que suscribirla y practicarla. Sea, pues, esta máxima la guía no solo de este primer número oficial de Agón, revista de Filosofía Teórica y Práctica, sino de todas las demás ediciones que, con suerte, la sucedan.

La práctica empieza, en primer lugar, con un conjunto de artículos dedicados a la estética y a cierta deriva ontológica inserta en ella, en la que desde perspectivas diferentes y un tanto opuestas se defiende la objetividad de los valores estéticos contra la ironía kierkegardiana de raigambre socrática como categoría en la que se sustenta la estética contemporánea o la reivindicación de la palabra poética que, a partir de Octavio Paz, se siente en capacidad de una instauración casi mística de la identidad hispanoamericana, culminando con una reflexión de raíz nietzscheana sobre el concepto «distancia» bajo la visión de Heidegger y Agamben que, como toda ontología, es decir, como toda imagen nueva del orden de las cosas, aspira a realizarse en una comunidad política. Frente a lo que la filosofía de la cultura recobra nuestro contexto y nuestro origen a través de un equilibrado balance de lo que significó para bien y para mal la Contrarreforma como hecho histórico sobre el que se erige la «otra» modernidad (la que nos tocó vivir pero que apenas estudiamos), vista desde la perspectiva italiana, con lo cual se denuncia —por ausencia— la falta de un balance crítico similar en nuestro entorno continental de tradición latina y católica. Complementario a este análisis, una pertinente reflexión epistemológica y hermenéutica sobre el quehacer del historiador, su prejuicio y su temor frente a uno de sus mayores terrores: el anacronismo, visto en este ensayo como defecto o como virtud según el caso, aspecto interpretativo o constructivo de la realidad con el que el historiador llama la atención al filósofo, quien debería atender e incorporarlo en la formulación de sus problemas cotidianos.

A través de este puente que la historia hace, este número desemboca en el pensamiento de Oriente, visto desde dos extremos: desde una bellísima descripción de la tradición mitológica y ceremonial de las nagas hasta —dando un salto mortal en el tiempo— caer en la propuesta pacifista de Gandhi, su origen, tradición y sentido.

Un defecto y una ingenuidad de nuestro hacer en filosofía, sobre todo, de este ejercicio realizado en la periferia, lejos de los grandes centros culturales y de las principales capitales, es la creencia de los jóvenes, de los recién llegados y de los deslumbrados por los títulos y las jerarquías académicas, de que la labor del pensar empieza con ellos hic et nunc. Hay una total ausencia de reconocimiento, si no de desprecio, al trabajo de aquellos que muchas generaciones antes de nosotros se esforzaron en una áspera y ruda tarea de verdaderos picapedreros, literalmente sembrando en el desierto o en el terreno más pedregoso la semilla del pensar filosófico, dando la sensación de que sus obras y sus discípulos fueron consumidos inútilmente por el tiempo y la indiferencia tanto institucional como social. Para ellos hemos creado una nueva sección que se inaugura con las semblanzas de José Minero Roque, ilustre profesor y filósofo zacatecano, junto con una figura de reciente desaparición, homenajeada por una de sus discípulas, la del padre Pedro Gómez Danés, sempiterno nadador contracorriente en el difícil y complejo flujo empresarial e industrial de Monterrey. Sin duda, dirán los críticos, son semblanzas y legados locales, pero sin ellos, sin ese pensar modesto, cotidiano, preocupado por la formación de nuevas generaciones de alumnos, sin esos aparejadores jamás podremos allanar un suelo propicio y duradero para el pensar propio y menos aún podremos aspirar al pensar universal.

Por último, finalizamos con la sección de reseñas, que en esta ocasión viene presidida por el comentario a una obra de producción propia, de nuestro colega y amigo Antonio Núñez, su libro sobre el influjo neoplatónico en el pensador árabe Al Kindi. En segundo lugar, para un momento político como el que vivimos, se comenta la obra de Chantal Mouffe sobre el populismo de izquierda, una oportuna —ya que no tranquilizadora— aclaración sobre sus diferencias respecto del populismo de derecha.

De este modo, estimado lector, esta es nuestra forma de defender a toda costa el derecho de opinar y de ponernos al servicio de quienes quieren ejercerlo sobre lo que creen —en la academia, la ciudad, el país o el mundo— es la Verdad.

Luis Felipe Jiménez
Director

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