Maquiavelo

(Para el 22 de junio de 1927)14

Resumen

Traducción del escrito de Carl Schmitt publicado originalmente en la «Kölnische Volkzeitung» el 21 de junio de 1927, en ocasión de los cuatrocientos años de la muerte de Maquiavelo.

Palabras clave

Carl Schmitt, Maquiavelo, filosofía política, El Príncipe, Discursos

Abstract

Translation of Carl Schmitt’s writing, originally published in the «Kölnishe Volkzeitung» on June 21, 1927, on the ocassion of the 400 years of Machiavelli’s death.

Passwords

Carl Schmitt, Machiavelli, Politics, The Prince, Discourses

¿Sobre qué se funda la fama de este nombre? Sería absurdo limitarse a definir lo evidente y negar la verdadera gloria que se merece. Los cuatro siglos transcurridos desde la muerte de Nicolás Maquiavelo han sido atravesados por las acaloradas discusiones sobre «el maquiavelismo», que se renuevan continuamente. Sin duda, cuando se habla de razón de Estado, de ética pública o de las relaciones entre el derecho y el poder, invariablemente oímos su nombre.16 Respecto de la voz «anti-Maquiavelo», una vasta literatura se ha dirigido a describir un monstruo inmoral; otra, también muy amplia, lo ha defendido y se entusiasma por él. Cada vez que una nueva idea política infunde nueva energía a la vida estatal y que la indestructible fuerza del político se muestra de nuevo, también reaparece la imagen de este florentino.
El transcurso del siglo XVII fue acompañado por la victoria del soberano absoluto. Cuando, en el siglo XVIII, después de un iluminismo moralizante y un librepensamiento que se había asumido fuertemente antimaquiavélico, en Alemania, siendo redescubierto Maquiavelo por Hegel y Fichte, por primera vez se manifestaron juntos sentido político y conciencia nacional. En la generación siguiente, cuya meta política era la unificación nacional de Alemania e Italia, los historiadores alemanes e italianos lo celebraron como el héroe de la unificación nacional y de una enérgica política de fortalecimiento del Estado.17 Inclusive hoy este nombre sigue teniendo una fuerza simbólica. La propaganda universal de la Guerra Mundial determinó una rebelión moral contra el «maquiavelismo» de lapolítica alemana.18 Mussolini, el enemigo más convencido del liberalismo disgregador del Estado, en 1924, en ocasión de su graduación en Boloña, sustentó su disertación sobre Maquiavelo.19 En 1927, entre nosotros en Alemania, Herman Hefele añade un preliminar a una excelente selección de escritos sobre Maquiavelo, restableciendo nuevamente los derechos civiles del político en contra de lo económico.20

Ninguno de los numerosos escritores políticos y teóricos del Estado ha tenido un éxito comparable al de Maquiavelo; sin embargo, él no fue ni un gran estadista ni un gran teórico; su actividad política al servicio de Florencia no tuvo una particular eficacia; en las delegaciones que desarrolló para su ciudad natal, como secretario de la Cancillería del Estado o como miembro de alguna embajada en Francia y en Alemania, no revistió una posición influyente o determinante; escribió muy buenas e interesantes relaciones, pero no pudo incidir mínimamente sobre el hecho que, en aquella época, la política exterior florentina fuese indecisamente débil y mezquina; en la política interna tomó siempre posiciones desafortunadas. Así, en 1513, cuando sucumbieron los demócratas, a los cuales pertenecía, quedó marcado también su destino personal. El partido victorioso de los Medici lo envió a prisión, lo hizo torturar y al final lo puso en libertad, probablemente porque no era suficientemente importante desde el punto de vista político. Pasó los últimos catorce años de su vida en exilio en el campo, en una casita sobre la vía que conecta Florencia con Roma, dedicándose a la actividad de un pequeño propietario y comportándose como un pobre diablo que intentaba inútilmente retomar su carrera política.21
Esas fueron las condiciones en las cuales nacieron los dos escritos políticos que se han hecho célebres en todo el mundo: los Discursos sobre la primera década de Tito Livio y el libro sobre los principados, El Príncipe, ambos publicados después de su muerte. En esta existencia no hubo nada brillante o, para decirlo en modo más grandilocuente, de heroico.

Su obra histórica, la técnica militar y la literaria son conocidas aún hoy sobre todo gracias a la notoriedad de El Príncipe. Pero este pequeño escrito, que representa la verdadera razón de su celebridad, no se manifiesta inmediatamente; tiene poco de eso que ha hecho famosos a otros pensadores políticos: no tiene la profundidad ni la nobleza de los diálogos platónicos ni la doctrina sistemática de los libros de Aristóteles; no constituye un gran documento de conversión religiosa del pensamiento político como la Civitas Dei de san Agustín; no encontramos nada de sensacional, clamoroso o genial, ni siquiera una relación de particular erudición, una nueva teoría del Estado o una filosofía de la historia. La obra es considerada inmoral especialmente a causa de algunos pasajes sobre la necesidad política de violar los tratados y de simular una actitud piadosa.22 pero esta «inmoralidad» no viene ostentada y no pretende intervenir en el campo moral, sino que permanece sobria y modesta, y no tiene el carácter entusiasta o profético del inmoralismo de Niestzsche. El contenido de los dos escritos políticos, los Discursos y El Principe, consiste en consejos y recetas políticas que vienen recabados e ilustrados por medio de ejemplos políticos.

Según el método humanista, la antigüedad reviste un papel fundamental y es sobre todo la historia romana la que proporciona los ejemplos, sin dejar de considerar también la historia de los siglos XV y XVI; el interés es exclusivamente práctico– político y completamente dirigido al presente. Este modo de utilizar la historia hoy, sin embargo, nos resulta extraña, quizá sería más instructivo considerar algunas ocasiones a modo de profundizar y de complementar unos pocos casos ejemplares más que acumular una cantidad desmesurada de material histórico sobre la cual pueden añadirse como nubes algunas generalizaciones de carácter sociológico.
Para Maquiavelo, la historia representa un filón de máximas políticas útiles. Él se interroga exclusivamente acerca de la situación política concreta y el modo político de afrontarla; se explica así la tan anunciada «inmoralidad», en particular en el escrito sobre los principados, pues habla aquí sobre todo del príncipe nuevo, vale decir del soberano que no ha adquirido su poder a través de la sucesión hereditaria pacífica, sino que ha llegado al poder por la fuerza y, debido a ello, solo puede mantenerse con diferentes medios y aquellos más violentos que los usados por una dinastía reconocida y consolidada en sus posesiones.23 Es evidente y comprensible que una dinastía retornara al trono mediante un proceso de restauración no pueda hacerlo confiando en los mismos medios con los cuales había gobernado anteriormente; para defender las nuevas posesiones, necesita de mayor habilidad, de una mayor capacidad de adaptación, de una mayor cautela y probablemente de mayor crueldad.24 Tales simples verdades políticas no deben hacer indignar a ningún observador político. No se puede reprobar a nadie por haber constatado que Napoleón fue constreñido a gobernar con métodos diferentes respecto de aquellos de los empleados por los príncipes legítimos de su tiempo, y no es ni útil ni sensato pretender que Mussolini tome como modelo propio al príncipe regente Leopoldo.25
No sé qué impresión pueda causar El Príncipe a los japoneses o a los chinos; los expertos en literatura india aseguran que, en cuanto a la inmoralidad, algunos libros hindúes de política y del arte del Estado superan por mucho a Maquiavelo, con el cual no tienen ninguna relación de dependencia.26 Un bolchevique ruso considerará probablemente los puntos tocados de inmoralidad como banalidades inofensivas y definirá la indignación moral como una hipocresía burguesa;27 pero para un hombre de la Europa occidental este escrito ejercita invariablemente un efecto bien preciso, gracias, sobre todo, a su humana naturaleza, no solo por la lengua, que es de una claridad y una composición clásica, manifestando los signos distintivos de la formación humanista, también su estilo expresivo cabe dentro de los secretos de su éxito.

La naturaleza lingüística es solamente la expresión del mirar constante directo a la realidad, con el cual este hombre ve políticamente los asuntos políticos, sin pathos moral o inmoral, con amor sincero por la patria, con un gusto manifiesto por la virtù, vale decir, la fortaleza de los ciudadanos y la energía política, sin experimentar ninguna otra pasión más que el desprecio por la ineptitud y la política de las medidas indecisas. En él la humanidad no deviene en sentimentalismo; para él es evidente que quien se dedica al campo de la política debe saber aquello que hace y que las cualidades loables en la vida privada, como la bondad de ánimo y la fidelidad a los pactos, para un hombre político pueden traducirse no solo en actitudes ridículas, sino hasta en despreciables crímenes contra el Estado que deben sufrir las consecuencias de semejante rectitud. Cuando después Maquiavelo dice que, sin embargo, es siempre políticamente ventajoso parecer bueno y piadoso, evidentemente no dice nada falso.28 Habría sido más astuto y más «maquiavélico» mantenerse callado o, mejor aún, unirse al elogio universal de la sinceridad. Pero la humana honestidad de Maquiavelo consiste en el propio hecho que él no piensa confundir las discusiones políticas con instancias ideales para después sacar ventaja política de su confusión.

Hoy cada uno sabe con qué simplicidad y seguridad un gran aparato «psicotécnico» está en grado de manipular a las masas por medio de la propaganda, y lo fácil que es explotar un pathos moral sacando ventaja de los propios objetivos políticos. Todos recordamos la propaganda mundial contra el maquiavelismo de los alemanes. Quienes hoy, después de experiencias similares, leen El Príncipe, tienen la impresión de escuchar a una persona tranquila y racional, y sienten que el político —que en el fondo es un componente imposible de eliminar de la naturaleza humana— en Maquiavelo viene comprendido por cómo es y no si ha sido transformado ya por fuerzas anónimas e invisibles. Aunque no se esté interesado en aspectos propagandísticos inmediatos, él parece directo e incluso conmovedor, absolutamente humano de manera desmitificada, como cuando este espantajo de la inmoralidad, este pretendido genio del mal, después de algunas frases sobre la crueldad necesaria para la autoconservación política, declara: mi idea sería mala si los hombres fueran buenos; pero los hombres no son buenos.29

Notas

14 Versión libre del alemán y notas por Luis Felipe Jiménez. Cabe aclarar que la fecha de la muerte de Nicolás Maquiavelo fue el 21 y no el 22 de junio de 1527, como lo daba a entender el subtítulo. El escrito fue reeditado en Carl Schmitt: Staat, Groẞraum, Nomos. Arbeiten aus den Jahren 1916 – 1969, hrsg. mit einem Vorwort und mit Anmerkungen versehen von G.Maschke, Duncker & Humbolt, Berlin, 1995, pp. 102–105.
16 El punto referencial polémico que ha sido considerado por Schmitt es el célebre ensayo de F. Meinecke, De Idee der Staatsräson in der neueren Geschichte (1924) [Hay traducción en español: La idea de Razón de Estado en la Edad Moderna, trad. de Felipe González Vicen, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, Madrid, 1997], Schmitt había reseñado este escrito críticamente en el «Archiv für Sozialwissenschaften und Sozialpolitik», 1926, pp. 226–234. Para una reseña bibliográfica completa sobre el maquiavelismo y la razón de Estado, puede observarse el sitio de Internet del «Archivio della Ragion di Sato» di Napoli (www.filosofia.unina.it/ars/primasito.html).
17 Para un primer acercamiento a los acontecimientos críticos de la obra de Maquiavelo y del maquiavelismo hasta el siglo xix, sigue siendo orientador el trabajo de Federico Chabod, El príncipe y el Antimaquiavelismo, en Escritos sobre Maquiavelo, Fondo de Cultura Económica, México, 1984.
18 Schmitt retomará estas consideraciones en su ensayo sobre Der Leviathan in der Staatslehre des Thomas Hobbes (1938), (hay traducción española: El Leviatán en la Teoría del Estado de Thomas Hobbes, traducción de Antonella Attili, México, uam Azcapotzalco, 1997): «Algunas frases secas y escuetas sobre el pobre humanista florentino sirvieron para difundir por el mundo al espantajo moral del “maquiavelismo”. Por todo un siglo fue un eficaz instrumento polémico del norte evangélico contra todas las potencias católicas, particularmente contra España y Francia. La experiencia de la guerra mundial contra Alemania (1914 a 1918), han demostrado que su fuerza de impacto propagandística es útil también contra otras potencias y que continúa siendo considerable. La propaganda mundial de los anglosajones y del presidente norteamericano Wilson lograron escenificar una moderna “cruzada para la democracia”, en la cual dirigieron contra Alemania aquellas energías morales que se dejan movilizar en nombre de la lucha contra el “maquiavelismo”», pp. 153–154.
19 En realidad, por las discusiones surgidas al interior del corpus académico de Bolonia, más allá del asombro del propio Mussolini, empeñado por esa época en la campaña de elección política, el otorgamiento del título honoris causa no tuvo lugar. Por eso, después de la victoria electoral, Il Duce decide publicar el discurso que había previsto para la ceremonia, con el título de «Preludio al Machiavelli», en la revista fascista Gerarchia en abril de 1924 (ahora en B. Mussolini: Opera Omnia, Florencia, La Fenice, v. XX, 1951–1963, pp. 251–254). Para una reconstrucción de esta situación cfr. D. Marceddu: «Il Duce dottore senza laurea» en Avvenire, 28 de octubre de 2010, p. 30.
20 Herman Hefele (1885–1936), fue un pensador alemán de formación católica, quien después de abandonar los estudios teológicos se dedicó a la historia, fue autor de ensayos sobre Dante e inclusive sobre Maquiavelo (1933), además de traductor de San Agustín, Petrarca y Cardano.
21 Para una eficaz reconstrucción de la biografía intelectual del autor de El Príncipe, véase Gennaro Sasso: Niccolò Machiavelli, Il Mulino, 1980.
22 Véase especialmente el capítulo XVIII de El príncipe, titulado en latín «Quomodo fides a principibus sit servanda».
23 Véanse de El príncipe los capítulos VI y VII, titulados «De principatibus novis qui armis propriis et virtute acquiruntur» y «De prinicipatibus novis qui alienis armis et fortuna acquiruntur».
24 «Es muy cierto que, si vuelven a readquirirse los pueblos rebelados, es muy difícil que se pierdan, porque con motivo de la rebelión el señor tiene menos reparos para asegurarse castigando a los delincuentes, denunciando a los sospechosos y proveyendo a las partes más débiles». El príncipe, capítulo III, México, traducción de Stella Mastrángelo, edición bilingüe, Universidad Autónoma de la Ciudad de México, 2008, p. 65.
25 Se refiere a Leopoldo von Wittelsbach (1821–1912), príncipe regente de Baviera hacia 1886, quien accede al trono de este reino a causa de la enfermedad mental de su sobrino Luis II de Baviera (muerto el 13 de junio del mencionado año) y después de la muerte de su hermano Otón I, también enfermo; fue, por ello, soberano de facto de Baviera hasta su muerte, manteniéndose estrechamente fiel a la constitución del Estado.
26 Véanse a este respecto, G. B. Bottazzi: Precursori di Niccolò Machiavelli in India e in Grecia: Kautilya e Tucidide, Pisa, Nistri Lischi, 1914; R. Boesche: The First Great Political Realist. Kautilya and His Arrhashastra, Oxford, Lexington Books, 2002.
27 Schmitt se encuentra en las antípodas del punto de vista de Lenin y de los bolcheviques, sin embargo, aprecia de ellos la conciencia «maquiavélica» de la autonomía de lo «político» respecto a algunos otros ámbitos de la existencia, como puede verse en su Teoría del partisano, Madrid, Trotta, 2013.
28 Véase El príncipe, capítulo xviii; Discursos sobre la primera década de Tito Livio, libro III, 5.
29 La frase final es una paráfrasis de Schmitt de El príncipe de Maquiavelo, probablemente tomada de los capítulos XV, XVIII o XXIII.

Carl Schmitt

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