Las pasiones tristes en la filosofía práctica de Baruch Spinoza

Resumen

Las pasiones en la filosofía de Baruch Spinoza forman parte de la esencia de los individuos; las que tienen que ver con la alegría llevan a la perfección de su ser, mientras que las que se vinculan con la tristeza lo llevan a la imperfección. Las pasiones tristes representan todo aquello que nos separa del bienestar. Todas son el resultado de la ignorancia o, mejor dicho, son la ignorancia misma. En este sentido la única salida para padecer menos y obrar más es el conocimiento de la naturaleza, y, aunque el hombre nunca llegará a deshacerse por completo de su ignorancia, está en su propia naturaleza tender a hacerlo.

Palabras clave

tristeza, alegría, deseo, libertad, conato.

Abstract

In Baruch Spinoza’s philosophy, passions are part of the essence of individuals; those related to joy lead to the perfection of their being, while passions related to sadness lead to imperfection. Being the result of ignorance, or better said, ignorance itself, sad passions represent everything that separate us from happiness. Therefore, the only way to suffer less and act more is to know nature. Although man will never be able to entirely free himself from ignorance, it is in his nature to attempt to do it.

Keywords

sadness, joy, desire, freedom, conatus.

Desde hace mucho tiempo, aquello afectivo que constituye al hombre ha sido condenado, calificado de ser lo que impide que el alma siga el camino correcto de la virtud, pues en cuanto esta intenta contemplarla el cuerpo se aferra más a lo mundano y la hace descender. Las pasiones se han presentado como aquello que es digno del mayor desprecio, como algo que debe ser reprimido en la medida de lo posible, porque cuanto más se les echa a andar, mayor es la dificultad para detenerlas, pues se cree que, si se alimentan, cobran cada vez más voracidad. Sin embargo, la postura de Baruch Spinoza es muy distinta respecto a esta idea, y dice:

la mayor parte de los que han escrito acerca de los afectos y la manera de vivir de los hombres, parecen tratar no de cosas naturales, que siguen las leyes de la naturaleza, sino de cosas que están fuera de ella. Más aún parecen concebir al hombre como un imperio dentro de otro imperio.1

Lo que Spinoza pretende hacer es dar una explicación de las emociones y de la conducta humana como algo natural dentro del mundo, que tiene una causa y que no ha de tratar de eliminarse sin conocerlas, sino encaminarlas hacia el mejor sendero que hay en la naturaleza, o sea, aumentar la potencia de obrar del hombre en el mundo, su perfección y, con ello, su virtud. En la medida en que el ser humano comprenda las pasiones por medio de la razón, será esta misma la que lo dirija hacia aquello que es bueno, ya que el hombre que comprende la naturaleza de las pasiones comprende también de donde surgen, qué provocan y cuál es la mejor manera de lidiar con ellas. De esta manera, el hombre busca tener solo pasiones que sean benéficas o que convengan a nuestra naturaleza como seres humanos.
El objetivo de este trabajo es mostrar un bosquejo breve pero claro de la naturaleza de las pasiones tristes o negativas en el sistema filosófico de Baruch Spinoza, así como el papel que estas tienen dentro del buen desarrollo de la vida humana.

Los afectos

Para comprender el tema de los afectos en la filosofía de Spinoza ha de tenerse en cuenta que para él no hay una diferencia sustancial entre alma y cuerpo. Desde el inicio de la Ética, el pensador holandés deja claro que solo hay una única sustancia que cuenta con infinitos atributos de los cuales solo conocemos dos: el pensamiento y la extensión. Por lo tanto, alma y cuerpo son una misma cosa, debido a que lo que cambia dentro de la sustancia es solo la manera de concebirla. En este contexto lo que afecta a uno de sus atributos afecta también al otro simultáneamente; es decir, cuando el cuerpo es afectado por algo, el alma también es afectada por ello. Así, cuando Spinoza dice que los afectos «son afecciones del cuerpo por las cuales su potencia de obrar es aumentada o disminuida». Esto aplica también al alma, pues lo que afecta al cuerpo y disminuye su potencia de obrar también disminuye la potencia de pensar de esta.2
De manera que cuando el cuerpo está siendo afectado por otro, el alma considera al cuerpo como presente, aunque en realidad no lo esté. Spinoza se refiere a esto con el verbo «imaginar», o sea, el alma imagina al cuerpo afectante, lo considera parte del mundo y es afectada por este, ocasionando que cuando el cuerpo padezca, el alma también lo haga; enseguida ahondaremos en esto.3
La cuestión que nos atañe primero para tener una comprensión clara sobre el tema de las pasiones es intentar definirlas, por lo menos provisionalmente. Las pasiones, siguiendo la interpretación de Spinoza, son modos de los atributos de la sustancia (modificaciones del atributo del pensamiento y la extensión) y abarcan todo aquello que concierne a las emociones y la conducta. En varias ocasiones, tanto en el Tratado Breve como en la Ética, Spinoza parece utilizar los términos afectos y pasiones como sinónimos; no obstante en la Ética también nos dice: «Todos los afectos se refieren a la alegría, al deseo o a la tristeza».4 En una página anterior a esta, en la proposición cincuenta y ocho, plasma: «Aparte de la alegría y el deseo que son pasiones se dan otros afectos de alegría y deseo que se refieren a nosotros en cuanto obramos».5 De la misma manera, por la forma en que utiliza pasiones y afectos en ambas obras mencionadas y por la definición tres de la tercera parte de la Ética: «por afectos entiendo las afecciones del cuerpo por las cuales la potencia de obrar del cuerpo mismo es aumentada o disminuida, favorecida o reprimida y al mismo tiempo la idea de estas afecciones».6 Deducimos que los afectos, como su nombre lo dice, son todos aquellos que afecta al cuerpo y que pueden ser de muchos tipos. Las pasiones, por otra parte, son aquellas de las cuales el cuerpo no es causa adecuada de ellas, es decir, son causadas por un cuerpo externo o el individuo es solo causa parcial y de estas hay solo tres géneros: las que tienen que ver con la alegría, las de la tristeza y el deseo que acompaña a ambas. De esta manera, el deseo, la alegría y la tristeza son afectos en cuanto que afectan al cuerpo y son pasiones en tanto que son causadas por un cuerpo exterior.
El filósofo Jonathan Bennett menciona, en su obra titulada Un estudio sobre la Ética de Spinoza, que cuando este habla de los afectos se refiere a un gran grupo de items que abarcan todas las emociones (entendidas en el sentido común de la palabra) y deseos inmoderados, además que en su filosofía no tiene definición para todo el género de los afectos.7 Si esto es así, tratar de definir y diferenciar un afecto de una pasión es bastante complicado. Quizá por ello Bennett prefiere solo hablar de afectos agradables y desagradables. Nosotros hablaremos de afectos o de pasiones indistintamente, puesto que según nuestra interpretación la tristeza, la alegría y el deseo, que son los tres tipos emociones de las que habla Spinoza, parecen ser tanto pasiones como afectos.
Por otra parte, las pasiones, en general, según la filosofía de Spinoza, son necesarias en el hombre, ya que se siguen de su naturaleza. Esto puede comprenderse mejor en la forma como lo expresa Deleuze, quien a grandes rasgos plasma que el individuo es primero una esencia singular, un grado de potencia al cual le corresponde un nivel de afección, de tal manera que los animales se definen por las afecciones de las que son capaces y de las excitaciones a las que reaccionan en el límite de su potencia.8 En este sentido, las pasiones se convierten en algo que forma parte de la esencia del individuo y son aquellas que lo mueven a vivir o a perecer. Todos nuestros esfuerzos o deseos, según Spinoza, se siguen de la necesidad de nuestra propia naturaleza, en cuanto somos parte de ella, y esta no puede concebirse adecuadamente por sí misma sin los otros individuos.

El conato9

En la Ética, Spinoza dice que «Todas las cosas de la naturaleza se esfuerzan por preservar en su ser».10 Este esfuerzo o apetito es común a todos los individuos de la naturaleza, pero es solo el ser humano el que se da cuenta de este, es consciente de él. Spinoza llamó deseo al apetito con consciencia de sí. En el Tratado Breve, Spinoza menciona que el deseo o apetito «es la apetencia de conseguir algo de lo que se carece o conservar las cosas que ya disfrutamos»,11 de modo que el conato es la principal fuerza motriz en cuanto que todas las cosas particulares tienden a mantener y a conservar su propio ser, garantizar su propio estado y mejorarlo. Pero no solo eso, sino que el deseo acompaña a los hombres en todo momento; está tanto en la alegría como en la tristeza, pues el apetito es aquello por lo cual nos movemos a hacer algo; es la esencia del hombre.

Ideas inadecuadas y pasiones tristes

Las pasiones se originan debido a la idea que el alma tiene del mundo o de los cuerpos existentes en el mundo, y de las relaciones que hace de la idea con su contexto; si el alma tiene una idea que corresponde con la realidad de la naturaleza será una idea adecuada, y si no será inadecuada. Las pasiones tristes propiamente dichas son el resultado de una idea inadecuada que los individuos (en este caso el ser humano) tienen de los objetos particulares que conforman el mundo. El alma se conoce a sí misma por medio de las afecciones, de modo que si tiene ideas inadecuadas de los entes que le rodean, también la tendrá de sí misma.
En la Ética, Spinoza diferencia entre tres tipos de conocimiento. El primero de ellos corresponde con las ideas inadecuadas, y lo denomina conocimiento vago, inadecuado o confuso. Este tipo de conocimiento depende únicamente de la percepción sensible, por lo que tanto el alma como el cuerpo están determinados siempre por un objeto exterior. Así, el pensamiento tiene solo ideas confusas del cuerpo que se le presenta ante sí, del mismo modo que del suyo propio.12 Cuando el cuerpo humano es afectado por otros, el alma se forma imágenes (imagina), las cuales son mutiladas y confusas debido a la misma constitución limitada de su cuerpo. Los hombres, al ser objetos particulares, forman cada uno sus propias ideas de los otros cuerpos, pero estas ideas son diferentes en cada humano, lo que hace más complicado hacer una asociación general y adecuada de todas las imágenes.
Este tipo de conocimiento es el que encontramos en el primer nivel en la escala del saber, y aunque es confuso e inadecuado, Spinoza no lo rechaza, sino todo lo contrario, «es por este que conocemos casi todas las cosas». Podrá no ser un conocimiento adecuado, pero es un conocimiento útil para la vida de los individuos.13 Nos permite conocer las cosas que aparecen ante nuestra experiencia, pero no nos muestra la causa de ellas, lo que imposibilita nuestro grado de comprensión de la naturaleza de las mismas. Al no conocer las causas de las cosas, es decir, su necesidad dentro del orden natural, nuestra idea de ellas, no es adecuada con Dios (naturaleza).
De esta manera, cuando el alma tiene una idea errónea que no corresponde con la naturaleza, esta idea es inadecuada en Dios, por tal motivo su potencia de pensar es disminuida y al disminuir su potencia de obrar el alma se entristece. La idea inadecuada parece ser entonces una especie de ignorancia que nos lleva a errar, lo cual puede remediarse si el hombre procura guiarse por medio de la razón. Pero el mismo apetito que lleva a todos los seres a preservar en su ser, hace también que el alma busque imaginar aquellas cosas que aumentan su perfección y trate de deshacerse de aquellas que la disminuyen. Visto todo esto desde un punto de vista biológico, y en concordancia con lo que plasma el neurólogo Antonio Damásio en su obra En busca de Spinoza, cuando el alma tiene una idea inadecuada esta se identifica con el desequilibrio funcional del organismo, por lo que este se ve limitado a desarrollarse de acuerdo a su naturaleza. Es como si se desconectase de su conato, de su esfuerzo por preservarse.14
Parafraseando a Deleuze, puede decirse que una pasión triste se da cuando un cuerpo exterior se opone a la potencia de obrar de nuestro cuerpo y que una pasión alegre es posible cuando la potencia del cuerpo exterior conviene a nuestra potencia de ser, es decir, que su potencia se suma a la nuestra.15
«Los afectos —nos dice Baruch Spinoza— no pueden explicarse por una sola esencia o naturaleza sino que debe definirse por la potencia, esto es, por la naturaleza de las causas externas comparada con la nuestra».16 Es decir, cuando nos preguntamos por la naturaleza de las pasiones no solo se debe tener en cuenta su naturaleza y su propia potencia, sino también la potencia del objeto que provoca su pasión, si la potencia del objeto es mayor a la nuestra esta se opondrá a nuestro conato y nos hará padecer.
Esto apunta que las pasiones tristes se originan en el choque de las potencias de dos cuerpos por preservar cada una en su ser. Por un lado está el conato del individuo y por el otro está el conato de otro individuo de la naturaleza. Al encontrarse estas dos potencias, una de las dos se ve más débil que la otra y por lo tanto padece, pues el conato o el empeño por preservarse del otro individuo rebasa el suyo.
Según Spinoza la única manera para deshacernos de un afecto es mediante otro afecto más fuerte y contrario; por ejemplo, el odio solo puede ser removido por un sentimiento de amor, de modo que el hombre, cuando se ve atrapado por una acción, debe buscar sacar de su alma algo que sea mucho más fuerte que el afecto que padece, o buscar en la naturaleza algo que le dé un afecto mayor, lo cual no es tan difícil como parece, ya que el alma misma se esfuerza por imaginar las cosas que le son favorables. Está en la naturaleza del alma (pensamiento) tender al bien.
Cuando Spinoza habla de las pasiones tristes, parece proponer que dentro de la naturaleza hay niveles de perfección o de realidad, o como lo dice Bennet, de vitalidad. Si los afectos de tristeza disminuyen la vitalidad del organismo se eleva, pero si por el contrario las pasiones tristes aumentan, su vitalidad se someterá a un movimiento descendente, cuyo nivel inferior es la muerte.17

Ideas adecuadas y afectos activos (pasiones alegres)

En cuanto a los afectos de la alegría o pasiones alegres, estas se presentan cuando el alma tiene una idea adecuada de las cosas de la naturaleza. Como ya se ha mencionado anteriormente, Spinoza distingue tres tipos de conocimiento: el primero es el vago, que se relaciona con las pasiones tristes, el segundo es aquel al que Spinoza llama de la razón y que es el que se relaciona con las pasiones alegres o afectos activos.
Este nivel de la razón abarca las ideas adecuadas y el conocimiento científico, pero esta situación no quiere decir que solo los científicos tengan acceso a este, como lo aclara el filósofo Frederick Copleston en su antología de historia de la filosofía.18 El conocimiento adecuado es posible gracias a que el alma tiene la facultad de abstraer algunas propiedades comunes de los cuerpos. Al considerar el alma como una idea del cuerpo, Spinoza parece aceptar que el alma es la comprensión de su propio cuerpo como de los otros que le rodean. Debido a ello, el pensamiento puede detectar todo lo que tienen en común los cuerpos individuales y formar ideas universales sobre ellos, que son modificaciones del atributo de la extensión. Las ideas universales pueden ser comprendidas por todos los hombres y es ahí donde a pesar de ser entes particulares pueden tener acceso a las mismas ideas. Estas ideas generales que pueden compartir los hombres particulares son a lo que Spinoza llamará ideas adecuadas: «Aquello que es común a todas las cosas y es igualmente en la parte y en el todo no puede concebirse sino adecuadamente.»19 En este segundo grado de conocimiento se pasa de la mera impresión sensible de ideas no relacionadas lógicamente a proposiciones claras y lógicamente relacionadas y, por lo tanto, adecuadas; es decir, se abandona la particularidad de la experiencia sensible para pasar a la generalidad de lo abstracto.
Las pasiones o afectos alegres llevan a una mayor perfección, elevando la potencia de obrar del cuerpo, pues embonan con la naturaleza. De esta forma una idea será verdadera cuando sea compatible con la naturaleza misma del cuerpo del hombre. En otras palabras, la potencia de obrar y de pensar será aumentada cuando haya acuerdo entre el pensar y el obrar; ahí el alma se alegra, es por ello que se llaman pasiones alegres.20
Nuevamente, en concordancia con el punto de vista biológico de Damásio, las ideas adecuadas son aquellas que llevan a un organismo a un estado de equilibrio, y este equilibrio implica la coordinación fisiológica óptima y la marcha tranquila de las operaciones de vida, lo que garantizará no solo la supervivencia sino también el bienestar.21 Parece que para Spinoza el desarrollo adecuado de nuestras funciones como seres vivos lleva al buen desenvolvimiento de la naturaleza de cada especie, en este caso de la especie humana, y si el hombre se desarrolla de acuerdo a su naturaleza entonces lleva una buena vida.

El papel de las pasiones tristes dentro de la vida humana

De acuerdo con la filosofía de Baruch Spinoza, las pasiones son necesarias en la vida de los seres humanos. No obstante, si puede hablarse de alguna manera de pasiones buenas y malas, las pasiones de la alegría son buenas en tanto que nos llevan a obrar y las pasiones de la tristeza son malas en tanto que nos llevan a padecer.
Para Spinoza, lo bueno es aquello que es útil, de modo que todo aquello que sirva para el bienestar de nuestra existencia y que se adecúe a nuestra naturaleza puede ser llamado bueno.22 La utilidad de la que habla Spinoza no se refiere solo al ámbito de lo biológico, sino también de lo intelectual, pues para este el bienestar ha de ser siempre tanto físico como mental, de modo que lo útil es aquello que conduce verdaderamente a la comprensión de Dios, es decir, de la naturaleza de donde el hombre también forma parte. Por el contrario, aquello que no sea útil para nuestra existencia ha de ser malo, pues no se adecúa a nuestra propia naturaleza ni a la de Dios. Recordemos que para nuestro filósofo lo bueno y lo malo se define en torno a la necesidad; todo aquello que un individuo necesita para preservar su ser es bueno, pues es necesario, y todo aquello que no es necesario para su desarrollo intelectual y biológico puede ser calificado de dañino. Entonces, aquello que ha de ser calificado como virtuoso ha de ser lo que aumente la potencia del hombre. De modo que el hombre más virtuoso es aquel que actúa de acuerdo a la necesidad de su naturaleza y, por ende, a la razón.
En ese mismo contexto y en concordancia con Deleuze, Spinoza no habla de «Bien y Mal», sino de bueno y malo. Lo bueno es aquello que encaja con nuestra naturaleza y lo malo aquello que no lo hace, «Bien y Mal» tienen un sentido que trasciende nuestra naturaleza finita y contingente, mientras que «bueno y malo» pretenden tratar de aquello que es necesario a la naturaleza finita y contingente del hombre. El ser humano bueno será aquel que busque las cosas que encajen en su naturaleza y que aumenten su potencia de ser; el hombre que no busque lo que le conviene a su naturaleza será malo, insensato o esclavo, como lo expresa Spinoza en el apartado sobre la servidumbre humana. Es por esto que Deleuze dice de la ética que es una tipología de los modos inmanentes de la existencia, puesto que reemplaza a la moral que trata sobre los valores trascendentes.23
Spinoza defiende firmemente que el mundo es perfecto y que no actúa de acuerdo a los criterios humanos, sino acorde a sí mismo y a su necesidad, de tal manera que aquello que los hombres califican como bueno o malo es en realidad un adjetivo que le damos al resultado de una comparación entre cosas y que se relaciona con aquello que nos gusta o nos disgusta. Pero esto está muy lejos de ser así, pues la naturaleza solamente actúa de acuerdo a sí misma y no por nuestros gustos y prejuicios.
La filosofía de Spinoza es evidentemente racionalista, pues es la razón la que conduce al hombre por el camino correcto hacia lo que yo considero la meta de la filosofía spinocista: el amor intelectual de Dios (amor a la verdad). El hombre que tiene ideas adecuadas es razonable y virtuoso, puesto que actúa de acuerdo con Dios, con la naturaleza. Por el contrario, el que tiene ideas inadecuadas es irracional y vicioso, ya que cuando un hombre está sometido a las pasiones no actúa de acuerdo a la naturaleza. El hombre poseído por las pasiones se vuelve siervo de estas, pues su potencia de obrar se ve limitada. Es por esto que Spinoza considera que es muy útil perfeccionar el entendimiento y la razón, pues un hombre razonable y con conocimiento tendrá ideas adecuadas, lo cual lo llevará a ser feliz y beato, a estar satisfecho de su ánimo.24 Spinoza lo plasma de la siguiente manera:

llamo servidumbre a la falta humana de poder, para moderar y hacer frente a las emociones. Porque el hombre que se somete a sus emociones no tiene poder sobre sí mismo, sino que está en manos de la fortuna, en tal medida que muchas veces está obligado, aunque pueda ver lo que es mejor para él, a seguir lo que es peor.25

Copleston explica que la razón de esto se debe al deseo que procede de las pasiones tristes, las cuales dependen de causas externas y que pueden ser más fuertes que el deseo que procede de un verdadero conocimiento de lo bueno y de lo malo.26 Esto debido a que, como el mismo Spinoza destaca, el deseo que viene de un objeto presente es mayor que el de un objeto futuro, lo cual no quiere decir que a pesar de tener una idea clara de las cosas, el hombre decida actuar en contra, sino más bien que cuando el hombre está dominado por las ideas inadecuadas, una sola idea adecuada que tenga no será suficiente para llevarlo a actuar, a pesar de que el hombre sepa que esa idea es verdadera. Lo anterior está lejos de afirmar que el hombre de ideas inadecuadas no pueda salir nunca de estas. Spinoza parece sugerir que es el propio esfuerzo del hombre por preservar su existencia lo que lo lleva a desprenderse poco a poco de las pasiones mediante un proceso intelectual.
Una buena respuesta a la pregunta sobre por qué debe el hombre rechazar las pasiones tristes y buscar las pasiones alegres, es que las pasiones tristes impiden que el ser humano disfrute de la vida con racionalidad e inteligencia, y Spinoza es un fiel defensor de la vida y del bienestar del hombre. Si los seres humanos actuaran todos de acuerdo a la necesidad de su naturaleza, sus potencias convendrían entre sí y tendrían solo ideas adecuadas, pero puesto que hay en él muchas ideas equivocas como prejuicios, resentimientos, odio, etcétera (debido a su propia naturaleza), la relación entre los hombres muchas veces no es buena. La interpretación de Deleuze va también en este sentido, pues afirma que la filosofía de Spinoza es una filosofía de la vida, una filosofía que «denuncia todo lo que nos separa de la vida, vinculados a las condiciones e ilusiones de nuestra consciencia. La vida queda envenenada por las categorías de Bien y Mal, de la culpa y del mérito, del pecado y de la redención».27 Si esto es así, el seguimiento que hace Spinoza de las pasiones tristes va en dirección a encontrar todo aquello que nos aleja del verdadero conocimiento y de la vida misma, cosa que el filósofo alemán Frederich Nietzsche defendió también unos siglos después: el amor a la tierra que tanto promueve la filosofía nietzscheana, es el mismo amor a la verdad y al conocimiento de Dios que propone Spinoza. Sin embargo, hay una gran diferencia, Nietzsche afirma el sufrimiento y el dolor como parte del mundo, mientras que Spinoza apuesta porque el dolor y el sufrimiento son solo producto de la ignorancia humana; cuando el hombre se deshace de sus prejuicios, las supersticiones y en general del falso conocimiento y actúa únicamente guiado por la necesidad de su naturaleza no tiene por qué sufrir, pues es el error el que ocasiona la tristeza de los hombres.
Por último, las pasiones tristes que derivan en errores son: el desprecio, el odio, la aversión, el miedo, la desesperación, el remordimiento, la conmiseración, la indignación, el menosprecio, la envidia, la humildad, el arrepentimiento, la soberbia, la abyección y la vergüenza, entre otras. Todas ellas se caracterizan por ser un sentimiento de tristeza acompañado de la idea de algo más; por ejemplo, el odio es, según la definición espinosista, una tristeza acompañada de la idea de una causa externa. Asimismo, el remordimiento es una tristeza acompañada de la idea de una cosa pretérita que sucedió sin que la esperásemos. Cuando el hombre tiene este tipo de afectos no vive en bienestar, no goza de la vida, sino que sufre.

Liberarse de las pasiones tristes

Spinoza defiende que solo la razón y la inteligencia humana llevan al hombre a tener ideas adecuadas. Al final de la cuarta parte de la Ética, acepta que la potencia del hombre es extremadamente limitada e infinitamente superada por las causas externas y por lo tanto no se tiene una potestad absoluta de adaptar a nuestro uso las cosas que están fuera de nosotros.28 Esto nos lleva a pensar que podemos tratar lo más que se pueda tener ideas adecuadas del mundo, pero nunca llegaremos a deshacernos de las ideas inadecuadas y por ende de los afectos de tristeza.
Es claro que Spinoza defiende un determinismo por el que el hombre está sometido por su misma naturaleza finita y contingente y por el mismo mundo que le rodea, pero a pesar de eso, su filosofía muestra una vía para alcanzar ciertos grados de libertad (aunque nunca llegará a ser causa primera de sus acciones), los cuales serán proporcionales a la razón y a las ideas claras que el hombre vaya adquiriendo.
Estos grados de libertad de los que habla Spinoza son posibles gracias a tres tipos de conocimiento: el conocimiento de la imaginación o vago, el de la razón y el de la intuición. El primero proporciona las bases sensibles del conocimiento del ser humano, pero es el segundo el que hace la abstracción y la asociación de ideas adecuadas. Este segundo tipo de conocimiento da paso al tercero, que es el de la intuición. En el conocimiento vago el pensamiento se ocupa de los entes particulares que hay en el mundo, en el segundo deja a estos de lado y se ocupa de sus características universales. En el tercer nivel, el pensamiento vuelve a las cosas particulares sin dejar de lado el conocimiento del segundo tipo.
Tras haber comprendido y guiado los afectos y las ideas adecuadas por el sendero de la razón mediante el segundo tipo de conocimiento, la perfección del hombre y su conocimiento aumentan, permitiéndole aspirar a la intuición de las cosas, a comprender la esencia de la naturaleza. Dicho conocimiento va acompañado de la más elevada satisfacción y cumplimiento emocional. Spinoza llama a esto el amor intelectual de Dios. Cuanto el hombre más utiliza su razón, más ideas adecuadas tendrá y mayor bienestar lo acompañará y por lo tanto más libre ha de ser, pues cuando aumenta la comprensión de la naturaleza aumenta la inteligencia, y por ende, la libertad humana.
En el primer nivel de conocimiento, en el momento que el cuerpo experimenta las cosas individuales de la naturaleza, el pensamiento capta las modificaciones de su cuerpo como el de los cuerpos que le afectan. En el segundo momento, tanto de los cuerpos como de las modificaciones, el alma abstrae las generalidades que comparten, y en el tercer momento, el alma ya no solo comprende cosas generales de las cosas particulares, sino que al comprenderlas conoce también el sistema causal e infinito de la naturaleza. Dicho conocimiento, como lo plantea Copleston, tiene como resultado un «placer o satisfacción de la mente y ese placer acompañado, de la idea de Dios como causa eterna de lo que acaece en el mundo es el amor intelectual de Dios».29
Ese amor intelectual de Dios, o sea, el placer intelectual que experimenta la mente, será el deseo producto de la razón que nos guiará hacia lo bueno. «Un afecto solo puede ser superado por otro afecto contrario y más poderoso», nos dice Spinoza.30 El amor intelectual de Dios es el placer que más gusta a nuestra alma y el deseo de obtenerlo será la fuerza que llevará al hombre por el camino de la sabiduría. Al ascender por este camino cuya meta es la contemplación de Dios, o el amor intelectual de Dios, el hombre se irá desprendiendo de sus pasiones, es decir, de las cadenas que lo esclavizan, esto es, de la ignorancia y el sufrimiento.
En la cuarta parte de la Ética, Spinoza explica que: «una pasión deja de serlo tan pronto nos formamos una idea clara y distinta»,31 o puesto en otros términos: la pasión, que es la misma ignorancia sobre algo, deja de serlo cuando obtenemos el conocimiento verdadero de tal cosa. El hombre, al deshacerse de una pasión gracias a la razón, también se deshace de cierto grado de impotencia de actuar y adquiere a su vez un mayor grado en su potencia de obrar, o sea de libertad. De manera que la esclavitud se da solo en el error y en la ignorancia; y por otro lado, la libertad, se da en el conocimiento y en la razón. Cuando el pensamiento (alma), entiende la necesidad de las cosas que hay en el mundo tiene una potencia mayor sobre los afectos, padece menos a causa de ellos, lo que lo lleva a la posibilidad de poder alcanzar la contemplación intelectual del sistema eterno e infinito de la naturaleza y el lugar del mismo hombre dentro de este.
El determinismo que propone Spinoza ha sido atacado debido a que se cree que no se puede censurar a alguien por sus malas acciones. La respuesta que quizá Spinoza pudiera dar a esto puede encontrarse en la proposición treinta y siete: «El bien que todo aquel que sigue la virtud apetece para sí, lo deseará también para los demás hombres, y tanto más cuanto mayor conocimiento tenga de Dios».32 Así, el hombre que vive de acuerdo a la razón se esforzará porque los otros hombres también lo hagan, y al ser el entendimiento el mayor bien que desea la razón, también desea que los otros hombres entiendan, lo que quiere decir que se le puede censurar a un hombre sobre sus acciones cuando es movido por sus pasiones y no por su razón; se le juzga de ignorante, se le censura su falta de sabiduría y por consiguiente de virtud. En la filosofía de Spinoza nunca se llegará a una libertad absoluta; el hombre más sabio es también el más libre, pues el conocimiento le orienta a decidir cuáles son las cosas que mejor le convienen. Dicho en otras palabras, la libertad en la filosofía de Spinoza será siempre una libertad de arbitrio y no de acción en sentido fuerte.

Conclusión

Dentro de la filosofía práctica de Baruch Spinoza, las pasiones tristes son aquellas que limitan la potencia de obrar del ser humano y evitan que el hombre goce de la plenitud de la vida y llegue al conocimiento más anhelado: la contemplación de Dios. Spinoza cree que solo el conocimiento y la razón pueden ayudar al hombre a quitarse las cadenas esclavizantes de las pasiones tristes, que es la razón la que determina a un hombre a ser bueno y virtuoso, pues la virtud es sinónimo de potencia. Spinoza propone una filosofía de la vida, como lo dice Deleuze, pero no solo eso, sino de una vida que siguiendo la razón evite el dolor y el sufrimiento y tienda hacia el bienestar, de modo que para este filósofo, el virtuoso puede llevar una vida de bienestar —es decir, de felicidad— gracias a la razón. El ignorante no puede ser feliz.

Notas

1. B. Spinoza: Ética demostrada según el orden geométrico, iii, prólogo.
2. B. Spinoza: Ética iii. Definiciones (3)
3. La palabra «imaginar» tiene en la ética una relación íntima con el conocimiento vago difuso.
4. Ib., proposición (59).
5. Ib., proposición (58).
6. Ib. Definiciones (3).
7. J. Bennett: Un estudio sobre la Ética de Spinoza, p. 258.
8. G. Deleuze: Spinoza: filosofía práctica, p. 28.
9. Del latín conatus: empeño, impulso o esfuerzo.
10. B. Spinoza: Ética iii, Proposición (6).
11. B. Spinoza: Tratado Breve, primer diálogo.
12. B. Spinoza: Etica ii, Proposición 26, corolario.
13. F. Copleston: Historia de la filosofía 4: de Descartes a Leibniz, p. 221.
14. A. Damasio: En busca de Spinoza (neurobiología de la emoción y los sentimientos), p. 134
15. G. Deleuze: Spinoza: filosofía práctica, p. 29.
16. B. Spinoza: Ética iv, Proposición (5).
17. J. Bennett: Un estudio sobre la Ética de Spinoza, p. 260.
18. F. Copleston: Historia de la filosofía 4: de Descartes a Leibniz, p. 221.
19. B. Spinoza Baruch: Ética ii, Proposición (38).
20. Ib., Proposición (53).
21. A. Damasio: En busca de Spinoza (neurobiología de la emoción y los sentimientos) p. 134.
22. B. Spinoza: Ética iv, Definiciones (2).
23. G. Deleuze: Spinoza: filosofía práctica, p. 34.
24. En la filosofía de Spinoza, razón y conocimiento tienen una relación de dependencia; cuando un hombre es inteligente es a su vez racional y no se puede ser racional si no se tiene inteligencia.
25. B. Spinoza: «Prefacio», Ética iv.
26. F. Copleston: Historia de la filosofía 4: de Descartes a Leibniz, p. 230p. 230.
27. G. Deleuze: Spinoza: filosofía práctica, p. 37.
28. B. Spinoza: Ética iv, Apéndice (capitulo 32).
29. F. Copleston: Historia de la filosofía 4: de Descartes a Leibniz, p. 236.
30. B. Spinoza: Ética iv, Proposición (7).
31. Ib. iv, Proposición (3) corolario.
32. Ib. iv, Proposición (37).

Referencias

BENNETT, Jonathan: Un estudio sobre la Ética de Spinoza (José Antonio Robles García, traducción), México, Fondo de Cultura Económica, 1990.
COPLESTON, Frederick: Historia de la filosofía 4: de Descartes a Leibniz (Juan Carlos García Borrón, traducción), Barcelona, Ariel, 2010.
DAMASIO, Antonio: En busca de Spinoza (neurobiología de la emoción y los sentimientos) (Juandomenec Ros, traducción), Barcelona, Crítica, 2009.
DELEUZE, Gilles: Spinoza: filosofía práctica (Antonio Escohotado, traducción), Buenos Aires, Tusquets, 1981.
NIETZSCHE, Friederich: Así habló Zaratustra (Andrés Sánchez Pascual, traducción), Madrid, Alianza, 2003.
SPINOZA, Baruch: Ética demostrada según el orden geométrico (Oscar Cohan, traducción), México, Fondo de Cultura Económico, 1958.
______: Tratado Breve (traducción, introducción y notas de Atilano Domínguez) Madrid, Alianza, 1990.
______: Tratado sobre la Reforma del entendimiento (Atilano Domínguez, traducción, introducción y notas), Madrid, Alianza, 1988.

Diana Lizbeth García Jacobo

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