José Minero Roque:

la congruencia entre filosofía y política.

[Filosofía:] Ciencia que trata de darnos una interpretación del mundo y de la vida, capaz de satisfacer las exigencias de nuestra razón y las necesidades de nuestra conducta.
José Minero Roque

 

Breve semblanza biográfica

José Minero Roque nació en la ciudad de Nochistlán, Zacatecas, el 27 de enero de 1907. Ernesto Juárez, en Galería de personajes zacatecanos, comenta que pese a que su padre, Eligio Minero, no sabía leer ni escribir, su madre, Mercedes Roque, procuró que su hijo recibiera las luces de la educación, así que en cuanto consideró el momento apropiado, lo llevó con las señoritas Cuca y Cleofas Ramírez, quienes le impartieron los primeros y fundamentales conocimientos,1 a partir de un Silabario de San Miguel, mismo que le facilitó en poco tiempo aprender a «leer de corrido». La influencia de aquellas tutoras la manifestó durante el resto de su vida. La educación primaria la cursó también en Nochistlán como un alumno destacado.

El citado libro agrega que en su infancia trabajó y con parte de lo que ganaba compró sus primeros libros, aprovechando sus estancias en el campo para leer.2 Su avidez lectora lo llevó a interesarse también por la oratoria. Gracias a su aprovechamiento académico, pudo estudiar en el Seminario Conciliar de Guadalajara; a su vez, allí mismo obtuvo una beca que le permitió estudiar en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, en Italia.

Concluida su preparación regresó a México, pero convencido de que el sacerdocio no era su vocación. Como sus estudios no le fueron reconocidos para ingresar a la Facultad de Derecho, presentó exámenes a título de suficiencia. Posteriormente defendió su tesis de licenciatura ¿Qué hay más allá del Derecho? (Ensayo de Filosofía Jurídica)3 en el Instituto de Ciencias de Zacatecas, con la que se tituló como licenciado en derecho en 1948.

Siendo Leobardo Reynoso gobernador de Zacatecas, Minero ocupó varios cargos en el gobierno, posteriormente fue diputado local, ocupó una curul en la diputación federal y en 1950 llegó a la gubernatura del Estado apoyado por el Partido Revolucionario Institucional (PRI). Su trabajo al frente del gobierno ha sido bien calificado por biógrafos e historiadores, quienes destacan sus logros materiales y, por encima de todo, los obtenidos en materia cultural, ya que, como comenta Ernesto Juárez Frías:

desarrolló como impulsor de la cultura en todas sus manifestaciones, haciéndola llegar hasta los más apartados rincones de la entidad. En esa época florecieron las bellas artes, la literatura, la pintura, las ciencias, el teatro. Hubo diversas aportaciones de intelectuales y artistas locales como foráneos.4

Sus obras publicadas son la ya citada tesis ¿Qué hay más allá del Derecho? (Ensayo de Filosofía Jurídica), 1948, documento en el que ya deja ver su pasión por la filosofía y algunas de sus posturas; La cultura y el pueblo zacatecano 5, discurso ofrecido en su último año como gobernador en 1956 y publicado por el Seminario de Cultura Mexicana, e Introducción a la filosofía 6, en cuyas primeras páginas señala que fue editada en tres ocasiones 7, siendo la última, en la que se apoya la presente semblanza, realizada en 1972.

José Minero Roque fue un entusiasta y aguerrido docente y pedagogo, quien luchó en todo momento para que la filosofía tuviera no la misma dignidad que las otras materias de la lista curricular, sino una aún mayor. En un fragmento del citado discurso La cultura y el pueblo zacatecano deja ver su carácter humanista:

Con todo, nuestro pueblo tiene derecho a que se develen los misterios del saber y a que se le brinden los goces de la belleza; tiene derecho a disfrutar de la cultura en todas sus manifestaciones: filosofía, ciencia y arte. Nuestro pueblo no tiene la culpa ni de su miseria ni de su ignorancia, y nosotros, los mejores dotados intelectualmente, sí estamos obligados a liberarlo de la una y de la otra. […] mientras suena la hora de plenitud, que seguramente los de abajo quisieran escuchar anticipadamente, aun disponiendo de los escasos medios de que disponemos, habremos de seguirles hablando con el lenguaje llano del divulgador sobre los grandes temas de la filosofía, que es la madre de las ciencias y el prolegómeno de todo conocimiento…8

Sobre su Introducción a la filosofía

En el prólogo de esta obra conformada por siete capítulos, abordados a la manera de una historia de la filosofía, Minero Roque comenta que impartió lecciones de filosofía, historia del pensamiento filosófico, lógica, doctrinas filosóficas y filosofía de la educación, en el Instituto de Ciencias de Zacatecas y en la Escuela Normal Superior de México, en la Ciudad de México. Esta obra9 se utilizó tanto en las especialidades de la Escuela Normal Superior de México, así como en las escuelas vocacionales o preparatorias técnicas del Instituto Politécnico Nacional, en las Escuelas Nacionales de Maestros de Capacitación para el Trabajo Industrial y en diversas especialidades de las escuelas técnicas dependientes de la Secretaría de Educación Pública.

Convencido plenamente de la importancia que la filosofía representa para el progreso de las sociedades, José Minero tenía la intención de que un curso semejante se incluyera en las escuelas normales, en las preparatorias y en la Escuela Normal Superior, ya que estaba convencido de que:

esos estudios [eran] tan bellos pero tan arduos, tan útiles pero tan profundos, [que debían] engendrar en la mente del alumno una verdadera y fundada interpretación del mundo y de la vida que sea capaz de satisfacer las exigencias de la razón y las necesidades de la conducta del hombre […], así en lo intelectual como en lo moral.10

Minero Roque creyó que era importante enseñar filosofía, si bien a grandes rasgos, también en un sentido amplio; se puede decir fue un idealista, un romántico que creía atinadamente que la filosofía podía contribuir:

a la formación de los obreros del pensamiento, los maestros, que habrán de colaborar en campos diversos a la edificación de un México en que desaparezca la miseria […], la ignorancia, la insalubridad y el temor (a las malas autoridades administrativas y judiciales, a los políticos logreros de la Revolución, a muchos líderes sindicales que trafican con sus puestos, a muchos comisarios ejidales que explotan a sus compañeros, a muchos burócratas que vegetan pero no trabajan, etc.), lo que, a pesar de los esfuerzos realizados por varones honestos, capaces y de buena voluntad, aún sigue como deuda perentoria de la Revolución Mexicana.11

José Minero estaba convencido de que la filosofía debía extenderse más allá del ámbito académico:

Ojalá que se cumplan los propósitos que me animan al publicar estas notas, que dedico no sólo a los estudiantes normalistas, técnicos y universitarios, sino también a los profanos que deseen iniciarse en el estudio de esa expresión de la cultura humana, la Filosofía, que nos fue legada por el genio admirable del pueblo griego, y cuyo conocimiento se hace cada vez más imprescindible frente a la anarquía intelectual y moral que se registra en la hora presente, así en nuestro país, como fuera de él.12

José Minero era consciente de que las instituciones educativas en las que impartió sus cátedras, así como en otras escuelas normales, la enseñanza de la filosofía era por demás deficiente debido a la herencia positivista legada en México por Gabino Barreda desde la segunda mitad del siglo xix, a la cual se aferraron los maestros encargados de diseñar los planes de estudio,13 situación que fue analizada en su tesis, y muestra su temprana preocupación por este tema: «Juzgo que tal hecho no obedece a una circunstancia fortuita, sino más bien a la intencional opinión, desacertada por cierto, de quienes han formulado los planes de estudio de la que clásicamente se ha llamado nuestra Escuela Preparatoria».14 Más adelante agrega, anticipándose a lo que veía venir, que:

el positivismo en México es una reliquia histórica, y a pesar de que se registra actualmente un florecimiento de los estudios filosóficos, principalmente en la Capital de la República, considero que aún se resienten los planes de estudio de nuestras preparatorias de un resabio positivista, toda vez que no se ha reconocido en ellos a los estudios filosóficos, su importancia cardinal, habiéndose insistido más bien en la formación casi exclusivamente científica. Los estudios de Filosofía se han reducido, muchas veces, a la enumeración de tendencias, escuelas y sistemas sin procurar adentrarse en la consideración de problemas verdaderamente filosóficos.15

Cualquier semejanza con la realidad actual, al parecer, no es mera coincidencia. Minero comenta «que la Pedagogía, las Ciencias Sociales y en general todos los conocimientos científicos requieren estudios de índole filosófica, para tener una base sólida y producir mejores resultados en la vida práctica».16 En lugar de continuar con los vicios del positivismo, se debía promover un «renacer filosófico y, sobre todo metafísico»,17 que revalorara la enseñanza de la filosofía en las aulas, incluso desde una temprana edad, para combatir lo que ya en su tesis señalaba:

El culto de la técnica ha engendrado la sobreproducción que agobia al hombre bajo su peso abrumador; ha venido a aumentar artificialmente las necesidades del hombre, y éste se ha considerado impotente para dominar lo que ha logrado adquirir un impulso propio de crecimiento.18

En ese sentido, veía la urgencia de:

ir hacia el interior del hombre mismo; intensificar los estudios de lo que se ha dado en llamar antropología filosófica, y, en general, los estudios de carácter filosófico, para lograr que se restituya a los valores su propio rango, armonizándolos debidamente con los descubrimientos de la técnica y de la ciencia, a fin de integrar la genuina cultura que debe tener como raíz al hombre y como fin el destino del hombre.19

Minero Roque estuvo convencido de que la filosofía debía superar ese rezago y progresar al ritmo del orden material (de la industria, el comercio, la ban- ca, etcétera) y el espiritual (las ciencias, las artes, la técnica y la tecnología), y que su enseñanza propiciaría la conquista de prestigio, tanto al interior del país como en el ámbito internacional.20 El principal propósito de su obra Introducción a la filosofía fue el de lograr divulgar ideas fundamentales y preliminares a un estudio sistemático de la filosofía, sin afanes catequizantes.21

Vale comentar que el propósito didáctico y divulgativo de su obra se logra con creces, ya que, si bien el texto hace un recorrido raudo y a grandes rasgos de la filosofía, ofrece también una lectura ligera que se detiene en conceptos fundamentales para el pensamiento y el quehacer filosóficos.

La vida de José Minero Roque fue polifacética; se desenvolvió en ámbitos que algunos podrían considerar contradictorios, pero que para otros podrían ser complementarios, a saber, la filosofía y la política. Si bien no tuvo una postura filosóficamente genuina propia, aspecto que él mismo acepta, tampoco se puede negar que su formación académica le brindó bases y fundamentos sólidos, aunados a la agudeza intelectual que siempre le caracterizó.

Por lo anteriormente señalado, hablar de José Minero es referirnos a un filósofo comprometido y profundamente apasionado con esta disciplina, misma que generosa y aguerridamente se ocupó de difundir, pretendiendo llevarla a todos los sectores sociales y aspirando como docente a que, si bien no todos sus alumnos llegaran a dedicarse a la filosofía, al menos tuvieran los elementos básicos para la reflexión, el análisis y la crítica de su entorno social, y que reconocieran la dignidad e importancia que desde siempre ha poseído la madre de todas las ciencias, a la cual el sistema ha intentado pasar de largo, relegándola a una simple asignatura de relleno.

Minero no figura en todas las listas que se han hecho de pensadores mexicanos, pero sin duda tiene el mérito para hacerlo; supo descifrar su realidad y anticipar algunos riesgos que actualmente son realidades poco afortunadas, todo desde una posición en la que difícilmente se podría ejercer la autocrítica. Como político supo usar conscientemente los principios filosóficos que él conocía y dominaba bien, procurando establecer una congruencia entre ambos ejercicios. Desde el poder, pretendió que su pueblo tuviera acceso a las altas expresiones del arte y la cultura, así como a muchas de las más importantes figuras intelectuales de su tiempo, por lo que se debe tener como un humanista en toda la extensión de la palabra. José Minero Roque falleció el 21 de marzo de 1971 en la Ciudad de México y sus restos fueron trasladados a su natal Nochistlán.

 

Notas

1. E. Juárez Frías: Galería de personajes zacatecanos, p. 205.
2. Ib., p. 205.
3. Minero Roque, J.: ¿Qué hay más Allá del Derecho? (Ensayo de Filosofía Jurídica).
4. Juárez: Galería…, p. 206.
5. Minero Roque, J.: La cultura y el pueblo zacatecano.
6. Minero Roque, J.: Introducción a la filosofía.
7. Ib. p. 2, de igual forma en Juárez: Galería…, se afirma que se realizaron tres ediciones por Editorial Orión, lamentablemente en ninguno de los casos se ofrecen las fichas respectivas.
8. Minero: La cultura…, pp. 3 y 4.
9. Minero: Introducción a la Filosofía.
10. Minero: op. cit., pp. 8 y 9.
11. Ib., p. 13.
12. Ib., pp. 13 y 14.
13. Ib., cf., pp. 16 y 17.
14. Minero: ¿Qué hay…, p. 11.
15. Ib., p. 13.
16. Ib., p. 15.
17. Minero: Introducción…, p. 18.
18. Minero: ¿Qué hay…, p. 34.
19. Ib., p. 35.
20. Minero: Introducción…, p. 19.
21. Ib., pp. 20 y 21.

 

Referencias

Juárez Frías, Ernesto: Galería de personajes zacatecanos, Zacatecas, Instituto Zacatecano de Cultura, 2011
Minero Roque, José: ¿Qué hay más Allá del Derecho? (Ensayo de Filosofía Jurídica), tesis de licenciatura presentada en la Facultad de Derecho del Instituto de Ciencias de Zacatecas, Zacatecas, 1948
______: La cultura y el pueblo zacatecano, México, Seminario de Cultura Mexicana, 1956
______: Introducción a la filosofía, México, Editorial Orión, 1972
Robles de la Torre, José León: Zacatecas y sus hombres ilustres, filigranas, fundaciones y genealogías, 1546–2005, libro primero, Zacatecas, Guadalupe y San José de la Isla, Zacatecas, 2005

 

Federico Priapo Chew Araiza

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