Ética y modernidad

Alasdair C. MacIntyre, Ethics in the conflicts of modernity:
an essay on desire,practical reasoning, and narrative,

New York, Cambridge University Press, 2016, xiii + 322 páginas

Partiendo de conceptos del pensamiento de Aristóteles, Santo Tomás de Aquino y Marx debidamente actualizados —actualización que responde a las críticas de pensadores modernos y contemporáneos como Nietzsche o Bernard Williams—, el filósofo y científico social escocés, A. MacIntyre argumenta que la modernidad, ese ideario político y social cuya paternidad es múltiple, aún puede considerarse como algo realizable, completable, siempre y cuando sea repensado a partir de sus escombros y por encima de sus obstáculos. O al menos así lo plantea y defiende.
El eje principal para alcanzar una modernidad crítica de sí misma viene dado por lo que él mismo denomina una postura neoaristotélica tomista respecto de la ética y la política, postura cuyo rasgo central está constituido por un compromiso a favor de la no separación de estas disciplinas y actividades humanas sino, más bien, si acaso una y otra han de poseer un alcance amplio y profundo por la presencia indispensable de la primera en la segunda como una parte integral; compromiso cuya promoción real, apenas cabe recordarlo, resulta todo un reto en la sociedad actual.
La reflexión de MacIntyre tiene como punto de partida un conflicto cotidiano que rápidamente alcanza una imagen y tratamiento a nivel intelectual, aquel entre los deseos considerados en primer lugar como fuerzas más allá de cualquier clase de control y formación racional —imagen que suele endosársele a Hume— y aquella otra, al parecer incompatible, que prefiere tomar a los deseos como un material cuya conformación está fuertemente atada a la razón y al razonamiento práctico según lo defendieron Aristóteles, Santo Tomás de Aquino y muchos otros pensadores más.
Una y otra forma de consideración llevan la reflexión de MacIntyre a un examen crítico de la articulación teórica contemporánea por excelencia de la primera forma de pensar los deseos, el expresivismo en meta–ética y teoría moral (S. Blackburn y A. Gibbard entre los más destacados, y un tanto H. Frankfurt). Si bien a primera vista se prefiere inferir rápidamente que la tensión en los deseos de un sujeto ordinario tarde o temprano se resolverá a favor del más vigoroso de estos, MacIntyre argumenta lo contrario y defiende que un expresivismo que se supera a sí mismo gracias a la autocrítica y a su confrontación con el neoaristotelismo tomista nos ofrece una mejor imagen de los deseos y su lugar central en la formación de un sujeto moderno: primero, gracias a una mayor conciencia de los deseos de tener más a toda costa (pleonexia) y sus consecuencias nocivas en todos los niveles; y, segundo, como actitud justificada debido a lo anterior, a una preferencia (proairesis) por una visión de vida que aspira a cierta forma de dicha o felicidad (eudaimonia, en griego; beatitudo, en latín) y nuestros deseos con sus bienes («goods»), inmediatos y últimos, como la herramienta apropiada para alcanzarla.
La familia, el trabajo, la escuela, los vecinos y la comunidad más inmediata serían el contexto natural en donde deberá tener lugar esa visión de vida (capítulo 4) y, como complemento teórico, una visión narrativa de cualquier vida humana, narrativa entendida como práctica integradora de justificación racional (capítulo 5). En el contexto más amplio, la necesidad de superar ética y políticamente a la visión de la vida económica orientada predominantemente por la —lucrativa— preferencia y elección racional (rational preference y rational choice, respectivamente, en lengua inglesa), inclinación obsesiva de la economía contemporánea, toma su inspiración, apoyo y justificación más sólida de la recuperación de elementos teóricos del enfoque excepcional de Marx, por ejemplo, de su insistencia en la importancia del fenómeno de la plusvalía y sus consecuencias sociales y políticas a nivel personal (Capítulo 2).
Desde un punto de vista crítico, por otra parte, llama la atención que en la reflexión de MacIntyre aparezca una visión bastante convencional de los deseos, con una descripción muy limitada de lo que podríamos llamar su «aparición pública efectiva» junto con una ausencia absoluta de un análisis cuidadoso de la complejidad en el reconocimiento de su satisfacción, por no hablar de las consecuencias normativas de todo ello; actualización de la anatomía del deseo humano que haría posible una revisión exhaustiva de la imagen humeana.
Para todo aquel interesado en la reflexión filosófica seria, de muy alto nivel, y en la actualización y revitalización de corrientes de pensamiento que se pensaban ya no fértiles, este libro viene a ser una lectura indispensable.

Jorge Rolando Tagle Marroquín

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