El leninismo: una crítica

Resumen

El leninismo, como una pretendida interpretación del pensamiento de Marx, parte de un principio organizativo, conciencia y espontaneidad, expuesto por primera vez en su propuesta partidaria contenida en el libro ¿Qué hacer? Este principio se expresa en el centralismo democrático, en la definición de clase social, en un partido vanguardia, en la dictadura del proletariado, así como en la concepción del Estado y del socialismo; asimismo, implica la separación de la clase trabajadora respecto de la realización del socialismo y la negación de la emancipación de los trabajadores por ellos mismos.

Palabras clave

leninismo, política, pensamiento marxiano, Estado, socialismo

Abstract

Leninism, as an alleged interpretation of Marx’s thought, is based on an organizational principle, conscience and spontaneity, first exposed in his party proposal contained in his book What to do? This principle is expressed in democratic centralism, in the definition of social class, in a vanguard party, as well as in the dictatorship of the proletariat, in the conception of State and socialism. It also implies the separation of the working class from the realization of socialism and the denial of the workers’ self–emancipation.

Keywords

Leninism, Politics, Marxist thought, State, Socialism

Entendemos por leninismo la interpretación que hizo Lenin de Marx. El leninismo ha sido desde su origen fuente de duras polémicas, pero en el transcurso de estas fue logrando la aceptación suficiente para el triunfo de la Revolución rusa; a partir de entonces, fue referencia obligada para inspirar y hacer propuestas revolucionarias y transformar algunos países de capitalistas a socialistas, según se entendía el socialismo; empezó también a ser objeto de críticas fundamentadas a partir de 1968. Hoy sabemos y aceptamos que la Revolución rusa fue un fracaso, y tiene seguramente varias y diferentes causas, una de ellas es la concepción teórica de la organización leninista y los principios que la sustentan. Sobre esto último versa el análisis que a continuación se expone.

Conciencia y espontaneidad

El libro de Lenin donde aparecen los principios organizativos del partido lleva el nombre de ¿Qué hacer?, en honor a la novela del mismo título de Nikolái Gavrílovich Chernyshevski. El principio organizativo conciencia y espontaneidad se puede observar de diferentes formas: cuando Lenin critica a los economistas por intentar un partido de masas obreras, así como cuando critica a los grupos revolucionarios ejecutados por el zarismo. En estos casos y otros más se percibe la defensa leninista de esa relación entre conciencia y espontaneidad.
La conciencia es el conocimiento del socialismo, que fue elaborado por intelectuales burgueses o de origen burgués como Marx y Engels, según alusión expresa del propio Lenin. Los obreros por sí mismos solamente pueden llegar a tener una conciencia sindicalista (tradeunionista) y no una conciencia socialista, por lo que uno interpreta que, desde que se tomó la iniciativa de organizar a los obreros, nunca se tuvo confianza en ellos para que asumieran un papel revolucionario socialista: «hemos dicho que los obreros no podían tener conciencia socialdemócrata. Esta solo podía ser introducida desde fuera».105 Continúa:

la historia de todos los países atestigua que la clase obrera, exclusivamente con sus propias fuerzas, solo está en condiciones de elaborar una conciencia tradeunionista. […] En cambio, la doctrina del socialismo ha surgido de teorías filosóficas, históricas y económicas elaboradas por representantes instruidos de las clases poseedoras, por los intelectuales. Los propios fundadores del socialismo científico moderno, Marx y Engels, pertenecían por su posición social a los intelectuales burgueses.106

Lenin tenía como objetivo la creación de un partido de revolucionarios profesionales cuyo deber sería «desarrollar la conciencia política de las masas y no ir al trote detrás de ellas».107 Esta propuesta, basada en los principios organizativos leninistas, dio lugar a discusiones múltiples y apasionadas. Los críticos argumentaban el abandono del marxismo, y sus defensores posteriores afirmaron que su propuesta de partido fue una contribución al pensamiento de Marx.
En 1985 se publicó en México una discusión acerca del partido donde se pretende encontrar coincidencia entre Marx y Lenin para diferenciarse de la posición rusa: «la identificación de clase y partido pretende combatir la concepción vanguardista de que la teoría y el programa de una organización socialista constituyen “factores externos a la clase” […] En realidad, la concepción de Marx y de Lenin es coincidente: el partido es un producto del movimiento obrero y, al mismo tiempo, su superación».108
Otros participantes sacan conclusiones de este tipo: «Lenin tiene razón frente a Marx al recalcar que doctrina socialista y partido son exteriores al desarrollo del propio movimiento obrero […] afirmar la exterioridad del partido respecto a la clase equivale, en definitiva, a reconocer la no identidad de fuerzas sociales y fuerzas políticas».109 A lo anterior sigue una exmilitante conocedora del marxismo, quien sostiene que «no existe en Marx una teoría del partido más allá o por encima de las condiciones históricas reales de la lucha por la emancipación de la clase obrera»;110 continúa de esta manera: «la dirección del movimiento revolucionario surge de la experiencia del mismo, pero se separa de él, en una suerte de adelantamiento […] La dirección del movimiento revolucionario es entonces exterior al mismo».111
Todos los autores señalados reafirman el principio leninista de organización partidaria que contrapone la conciencia y la espontaneidad. Además, hay quienes decimos que la conciencia política era para Lenin la máxima expresión de la conciencia, y el portador de ella era el partido y su dirección. Si se precisa un poco más, la máxima expresión de la conciencia en el comité central era Lenin mismo; dentro de la dirección partidaria Lenin se ubicaba como la vanguardia e intérprete auténtico del pensamiento de Marx, en un partido de vanguardia según su propia concepción. Esta vanguardia portadora del socialismo como teoría tenía que componerse de intelectuales («La exigencia de una dirección ejercida por revolucionarios, que se componía predominantemente de intelectuales»).112 La concepción partidaria de Lenin «contiene en embrión también las posibilidades de un abuso de la autoridad del partido y del poder».113
Entre las diferentes críticas que hizo Rosa Luxemburgo a Lenin y a su propuesta de partido destacan el temor fundado de que «los intelectuales fueran poco leales, y que en la revolución introdujeran en la lucha democrática un contenido clasista burgués» y convirtieran a la masa de trabajadores en «víctima de los nuevos cazadores de ratas burguesas», así como la preocupación de que «la cosecha de los esfuerzos actuales de la socialdemocracia pasara mañana a los graneros de la burguesía». Fue esa lúcida crítica de la concepción partidaria de Lenin la primera en decirle que su partido «actúa en representación del proletariado», que «debe ser una organización que nace de las luchas concretas de clase, y es sostenida por la espontaneidad de las masas, de tal modo que entre partido y clase se dé, por último, una total identidad»; fue también la primera en decir que en el «pensamiento organizativo hasta entonces usual guarda una falsa relación con las masas».114
No obstante las críticas de Rosa Luxemburgo, permaneció inalterada «la convicción de Lenin de que la obra revolucionaria rusa debe ser necesariamente obra de un grupo de vanguardia más que de un partido de masas».115 La concepción vanguardista de la organización «nunca había inducido a los pensadores socialistas a subestimar el papel de los renegados de la burguesía entre los cuales se encontraban, por otra parte, muchos de ellos».116
Lo dicho arriba constituye la conciencia, es decir, el socialismo, como el conjunto de intelectuales —especialmente Lenin— que interpretaba el pensamiento de Marx. La parte opuesta, la espontaneidad, estaba compuesta por los obreros organizados sindicalmente, quienes luchaban por tener mejores condiciones de vida y de trabajo. Estos no podían acceder a la conciencia, al conocimiento socialista, por eso les tenía que ser suministrada desde fuera, es decir, para que los obreros organizados en sindicatos lograran una conciencia socialista, esta se las tenía que transmitir el partido porque sus militantes eran los que habían estudiado el marxismo, casi todos ellos intelectuales de diferentes regiones de Rusia marginados por el zarismo.
La manera como les introducía la conciencia desde fuera consistía en que el partido, organizado como células, se insertaba en los sindicatos, preferentemente con obreros de ese mismo sindicato. Las células promovían el estudio del marxismo porque este era la conciencia socialista. La organización partidaria leninista no era la organización de los obreros a la que Marx le dedicó diez años de actividad política práctica. Por eso la mayoría de los marxistas posteriores a la Revolución rusa sostuvo que la concepción de partido de Lenin fue su aportación al marxismo.
Además de lo expuesto arriba, esta concepción partidaria era concebida por Lenin y los que la aceptaban como una organización científica, que dejaba en el pasado los métodos artesanales de trabajo correspondientes a formas artesanales de organización. Desde que Lenin inició la organización partidaria, ocupó un lugar especial el periódico Iskra (La Chispa), medio por el cual fluía la comunicación de la dirección a las bases del mismo partido y de este a los obreros sindicalizados o a los obreros en sus diferentes formas de lucha.
Concebida como organizadora, tal publicación era portadora de la conciencia concentrada en la dirección partidaria, porque siempre había miembros de la dirección —especialmente Lenin— que escribían en cada número del periódico; polemizaban con mucha frecuencia con otros militantes de fracciones diferentes dentro del mismo partido, las que existieron como tales mientras no se impuso la centralización tan del agrado de Lenin, antes y después del triunfo de la Revolución rusa.
El principio organizativo del que hasta aquí nos hemos ocupado, la relación entre conciencia y espontaneidad, prevaleció en vida de Lenin y después de su existencia, lo podemos observar cuando se empieza a relacionar el partido con los soviets, en especial de 1905 a 1917. Esta relación nunca fue cuestionada, lo más que llegaron a preguntarle a Lenin fue «¿soviets o partido?», a lo que contestó airadamente diciendo que necesariamente iban juntos, pero nunca pudo explicar la necesidad de que fueran juntos.117 A partir de las experiencias leninistas basadas en ese principio se difundió internacionalmente la idea de una relación del partido con las organizaciones de masas.
Todavía en las décadas finales del siglo XX los partidos que se asumían como de izquierda y se inspiraban en el leninismo establecían que tenían que estar separados porque el partido se dedicaba a la política y las masas se organizaban conforme a lo que las profesionalizaba. Esa relación terminó haciendo del partido y sus dirigentes lo que harían los dirigentes burgueses: estos hacían la política y las masas se dedicaban a la producción. Volveremos a este punto más adelante.

Centralismo democrático

Otro principio organizativo que se difundió internacionalmente fue el centralismo democrático. Cuando uno ha investigado la literatura leninista no encuentra en ella el origen de ese principio. Primero se piensa que tal vez este fue tomado de aquella experiencia de Engels cuando ya pertenecía a un partido distinto al comunista, el socialdemócrata. Cuando los socialdemócratas eran perseguidos, incluido Engels, crearon un pequeño comité como dirección de los militantes partidarios.118
Engels se expresa con agrado de esta experiencia en la que fue muy efectiva esa pequeña dictadura, como la llamó, porque centralizaba la discusión y la toma de decisiones y lo hizo con acierto. Pero Lenin no se inspiró en esa experiencia; le han atribuido diferentes fuentes que tomó en cuenta de sus antecesores para elaborar su propuesta partidaria; por ejemplo, la organización en células fue tomada de «las comunas», organización parecida que era el organismo base de la Liga de los Justos. Hay quien atribuye el centralismo democrático a P. M. Tkacev, quien en su organización usa con frecuencia la palabra «partido» y « fue el primer revolucionario ruso que fomentó un partido integrado por revolucionarios profesionales rigurosamente organizados». «Nosotros —decía Tkacev— debemos constituir una organización general, rigurosamente organizada que comprenda todos los círculos revolucionarios existentes».119 Por su parte, criticaron a Lenin que en su centralismo democrático no supiera diferenciarse de los blanquistas (los seguidores de Blanqui).
El centralismo democrático consiste más o menos en que, antes de tomar una decisión, la dirección promueve la discusión democrática y amplia, luego centraliza las decisiones; pero, además, en ciertos momentos cuando no hay oportunidad de discutir, la dirección decide sin discusión y, posteriormente, en la menor oportunidad informa y explica a los que les compete la discusión democrática. Esta es una breve descripción que no recoge la amplia y complicada discusión que se dio sobre la centralización desde la fundación del periódico Iskra.
Enseguida se exponen, a manera de ejemplo, algunas opiniones del debate entre Lenin y sus contemporáneos. Lenin respondía a los reclamos de democracia interna: «reclamar la aplicación de reglas democráticas en el partido no solamente era utópico, sino también nocivo: solo podía beneficiar a la policía». Un poco después le contestaban en el periódico Iskra: «el hipercentralismo de Lenin conduciría necesariamente a la formación de un partido burocrático, golpista y dirigido por un jefe sin ninguna relación con las masas».120
Una vez que se había impuesto el centralismo leninista, afirma Rosa Luxemburgo, «por la centralización fue entregado el partido a un puñado de académicos que hicieron resucitar el antiguo y obligatorio carnaval del camino hacia el pueblo»;121 otras críticas fueron: «estos métodos (leninistas) conducen a que la organización del partido, sustituya al partido, el Comité Central a la organización del partido y, finalmente, a que el dictador sustituya al comité central».122
Después de lograda la mayoría a favor de la propuesta de Lenin, este empezó a hablar en sus escritos de «la línea del partido» y a referirse a aquellos que tienen «espíritu de partido», mismos que habían aceptado su propuesta de centralismo y admitían su «línea» para contraponerlos a sus críticos, a quienes empezó a llamar «antipartido». Marcel Liebman escribe sobre esto en sus dos tomos a favor del leninismo; no obstante, termina diciendo en la polémica arriba descrita: «así surge, en definitiva, un patriotismo de partido que tiende a considerar a este último un fin en sí mismo: en realidad, esto es espíritu de secta».123
Ante el conjunto de grupos y corrientes que lo integraban, la coyuntura de la derrota de la revolución de 1905 propició que la centralización prevista por Lenin se viera como una necesidad y condición para conducir el partido en un momento complicado, como lo era el proceso crecientemente revolucionario. El centralismo se impuso en toda la línea y, según estudiosos del leninismo —como Liebman—, fue lo que hizo posible el triunfo de la Revolución.
Desde ese momento se empezó a valorar más el centralismo que la discusión democrática, y el autoritarismo dentro y fuera del partido empezó a asomar la cabeza. El centralismo teóricamente no se desvinculó de la democracia, el centralismo democrático se convirtió en un principio de organización partidaria, por décadas indiscutible internacionalmente. Cuando esta práctica se dio a nivel de Estado, adoptó la forma de otro principio: la dictadura del proletariado enunciada por Marx y practicada según la interpretación que Lenin había hecho de ella. Esto último se dilucidará más adelante.

El partido vanguardia

Respecto de la relación del partido vanguardia y la clase obrera Liebman afirma que «esas organizaciones obreras constituyen el vínculo entre partido y las masas; deben estar abiertas a la penetración de los militantes bolcheviques y, por consiguiente, a la influencia del marxismo; aún ligadas con el partido, no son sin embargo del partido».124 El partido vanguardia debió abrirse a las masas en vísperas de la revolución; no obstante, «la organización bolchevique tuvo que continuar dirigida por organismos clandestinos y sometida a las reglas conspirativas hasta la misma víspera de la revolución de 1917».125 La razón principal que Lenin argüía para que el partido fuera una organización de profesionales y no fuera abierto a la democracia era para que la policía no pudiera intervenir en la vida partidaria. Pero esta organización no pudo evitar que la policía política del zarismo la infiltrara hasta la cúpula misma de la dirección. Fue muy conocido un tal Malinovsky, miembro de esa policía y compañero de todas las confianzas de Lenin.
El pensamiento de Lenin en cuanto interpretación del marxismo «se expandió en tanto que doctrina enteramente revolucionaria en 1917 cuando, impulsado por su fundador y casi a la fuerza, el partido bolchevique se convirtió en partido de la revolución».126 Se ha afirmado que la separación del partido de las masas hizo a los dirigentes leninistas muy parecidos a los dirigentes burgueses porque ellos hicieron la política y las masas se dedicaron a la producción. Cuando se crearon los soviets por iniciativa propia, el partido leninista entró en relación con ellos, pero se mantuvo separado como en todos los casos lo había hecho.
Mientras el proceso revolucionario avanzaba y se profundizaba, cobraba importancia cada vez mayor el papel de los soviets en el mismo y los dirigentes leninistas continuaron asumiendo su dirección. Los soviets triunfaron con la Revolución y los dirigentes leninistas se hicieron del poder del Estado en nombre de los soviets, haciéndolos pensar que ellos también eran poder estatal, con esto quedaban neutralizados para que no les hicieran oposición a los dirigentes leninistas en el poder del Estado.

La dictadura del proletariado

Marx fue el primero en hablar de la dictadura del proletariado, pero no lo hizo en un libro exclusivo para eso, ni siquiera en un capítulo de libro. Lo hizo en una carta a Joseph Weydemeyer que le envió de Londres a Nueva York el 5 de marzo de 1852 y que decía:

no me cabe el mérito de haber descubierto la existencia de las clases en la sociedad moderna ni la lucha entre ellas […] Lo que yo he aportado de nuevo ha sido demostrar: 1) que la existencia de las clases solo va unida a determinadas fases históricas de desarrollo de la producción; 2) que la lucha de clases conduce, necesariamente, a la dictadura del proletariado; 3) que esta misma dictadura no es de por sí más que el tránsito hacia la abolición de todas las clases y hacia una sociedad sin clases.127

Esta afirmación de Marx daría lugar a una polémica sobre el Estado con intelectuales de su tiempo como Proudhon y otros que aludían con frecuencia a Jean–Jacques Rousseau, citado a la vez por Hegel en Filosofía del Derecho. Engels interviene en esta discusión y destaca, como lo veremos más adelante, la necesidad de la desaparición del Estado cuando está constituido por el proletariado («al hacerse finalmente real representante de toda la sociedad, el Estado se hace él mismo superfluo»),128 lo que daría como resultado una intervención del Estado progresivamente superflua para finalmente inhibirse por sí misma («En lugar de gobierno sobre personas aparece la administración de cosas y la dirección de procesos de producción. El Estado no “se suprime”, sino que se “extingue”»).129
Sin embargo, la discusión se daba con apasionamiento y algunos intelectuales en sus escritos expresaban indignación, frustración, coraje u horror por cómo entendían la dictadura del proletariado. Aquella motivó que Engels, en el vigésimo aniversario de la Comuna de París (18 de marzo de 1891), escribiera en la introducción a La guerra civil en Francia: «en realidad, el Estado […] es un mal que se transmite hereditariamente al proletariado triunfante […] Pues bien, caballeros, ¿queréis saber qué faz presenta esta dictadura? Mirad a la Comuna de París: ¡he ahí la dictadura del proletariado!».130 Este hecho histórico fue suficiente para la marginación del pensamiento de Proudhon y para que Marx tuviera una idea, inspirada en una realidad, de cómo sería el Estado proletario.
La interpretación que hizo Lenin de la dictadura del proletariado fue muy distinta y opuesta al pensamiento de Marx. Veamos algunas expresiones de Lenin en «Tesis e informe sobre la democracia burguesa y la dictadura del proletariado» del 4 de marzo de 1919, donde expone lo siguiente: «La historia enseña que ninguna clase oprimida ha llegado ni podía llegar a dominar sin un periodo de dictadura, es decir, sin conquistar el poder político y aplastar por la fuerza la resistencia más desesperada»; luego recurre al ejemplo de la burguesía, que «conquistó el poder en los países adelantados mediante una serie de insurrecciones y guerras civiles, aplastando por la violencia a los reyes, a los señores feudales, a los esclavistas y sus tentativas de restauración»;131 Señala también que lo propio de la dictadura del proletariado en el caso concreto de Rusia es «el aplastamiento por violencia de la resistencia que ofrecen los explotadores, es decir, la minoría ínfima de la población, los terratenientes y los capitalistas».132
Lenin utiliza entonces el Estado para «aplastar por la fuerza» o «por la violencia» a la burguesía y terratenientes; el uso de la violencia incluía el fusilamiento sin juicio previo, por lo que decimos que la democracia practicada por los trabajadores en la Comuna se lleva bien con la justicia, no con la venganza.133 En estas condiciones se esclareció a los marxistas críticos que el poder estatal en manos de los dirigentes leninistas era igual al triunfo de una revolución cuya dirección correspondía a una fracción burguesa cualquiera encumbrada en el poder estatal gracias al impulso revolucionario de las masas, en especial de la clase trabajadora. Más adelante se verá cómo se puede justificar teóricamente lo que habían logrado los leninistas a través de su práctica de mantener separados a la clase y al partido.

Clase social

Después del triunfo de la Revolución rusa, el partido leninista, ahora desde el poder, promovió a los trabajadores para que laboraran también los sábados, que denominaron «sábados comunistas». Lenin describe, reconoce y elogia a los trabajadores en un trabajo llamado «Una gran iniciativa», con iniciativas como esa lograrían acceder a una conciencia de clase y, para esclarecer esta, elabora una definición. Se sabe que Marx no definió la clase, esto no significa que careciera de claridad sobre capitalistas y trabajadores; cuando se refirió a ella, únicamente le llamó «clase en sí» y «clase para sí», tomando prestados conceptos de Hegel. El «ser en sí» es, como sostendría el mismo Marx, ser «en potencia» y el «ser para sí» es cuando ya está en movimiento perceptible como constante. Pues bien, la clase tal y como Lenin la definió es como se describe:

Las clases son grandes grupos de hombres que se diferencian entre sí por el lugar que ocupan en un sistema de producción social históricamente en que se encuentran con respecto a los medios de producción (relaciones que las leyes refrendan y formulan en su mayor parte), por el papel que desempeñan en la organización social del trabajo, y, consiguientemente, por el modo y la proporción en que reciben la parte de riqueza social de que disponen. Las clases son grupos humanos, uno de los cuales puede apropiarse el trabajo de otro por ocupar puestos diferentes en un régimen determinado de economía social.134

Si leemos y analizamos cuidadosamente, nos percatamos de que esta definición de clase explica cómo la burguesía se apropia del trabajo de otros por ocupar determinado lugar en el sistema de producción, por la relación en que se encuentra respecto de los medios de producción y por ocupar puestos diferentes en un régimen de economía social. Cuando Lenin elabora esta definición con motivo de los sábados comunistas, interpreta estos como una gran iniciativa porque estaba transformando a los trabajadores en clase dirigente que remplazaba a la burguesía y a los terratenientes, como lo afirmó varias veces en algunas de sus obras posteriores al triunfo de la revolución.
Pero esa definición admite muy bien otra interpretación que parece la más acertada para explicar ese momento, y su acierto se pondría de manifiesto con la evolución del proceso revolucionario y su final. Cuando Lenin define la clase, está pensando de una manera manifiesta y externa en la clase obrera, pero en el fondo de su reflexión, como otras tantas que hicieron época, estaba hablando de ellos mismos. Los intelectuales revolucionarios organizados en un partido vanguardia y separados de la clase obrera empezaron a actuar y pensar como una clase triunfante y opuesta a los trabajadores; crearon su propia burocracia con la que manipularon a la clase trabajadora, pero esto no pudo ser indefinido como lo sabemos ahora.
El partido en el poder sin los trabajadores tarde o temprano actuará contra los trabajadores. Fue un proceso lento e ininterrumpido: primero ocuparon todas las dependencias del Estado, las gerencias de las empresas muy grandes o menos grandes, la dirección personal de cuadros del partido; se apoderaron como Estado de la producción del campo a través de los sovjós135 y koljós136, que eran algo parecido en México a los ejidos colectivos o ejidos con parcela individual. El partido, que también era Estado, era el real propietario de todos los medios de producción. El Estado era propietario de toda la riqueza del país: tenía poder económico, político y militar.
Ese enorme poder del Estado y del partido hacía muy difícil la oposición y los que la hacían eran llamados contestatarios, como oportunamente lo denunció Fernando Claudín. Los militantes del partido de cualquier nivel, al ser objeto de críticas, las aceptaban y las convertían en autocrítica pública o semipública; pero, al asumirlas como autocrítica, las vivían como insoportables porque detonaban problemas subjetivos mayores. La gran mayoría de militantes objeto de críticas se disciplinaba y acataba las decisiones de la dirección del partido. La unidad lograda y la lealtad al «socialismo» eran, en el fondo, respeto y temor al poder estatal.
Esa separación y desconfianza del partido respecto de los trabajadores convirtió al leninismo en capitalismo de Estado sin importar todas las truculencias políticas e ideológicas que sortearon en ese largo proceso. La clase obrera no se emancipó de la explotación y nunca fueron los trabajadores quienes integraron ese Estado. Estos siguieron siendo explotados, aunque no hubiera propiedad privada de los medios de producción. A los trabajadores no les importó si los explotaba un individuo, una compañía o un Estado, lo que importaba era el hecho mismo de la explotación de la que nunca fueron emancipados, porque permitieron que esa tarea la pretendiera cumplir un partido a nombre de ellos en lugar de emanciparse por sí mismos. Un partido cuyos dirigentes habían sido intelectuales que merecieran la desconfianza y una dura crítica de Rosa Luxemburgo.

El Estado

La concepción de Lenin sobre el Estado capitalista es objeto de nuestro análisis crítico. Se ha dicho que Marx y Engels no dejaron una concepción clara del Estado, sino un conjunto de citas sueltas,137 convertidas por sus sucesores en caminos trillados. A finales de la década de los sesenta se dio una polémica sobre el Estado entre Nicos Poulantzas y Ralph Miliband que hizo época y cuya vigencia aún nos invita a reflexionar. Diríamos que fue la que detonó una discusión sobre el Estado capitalista seria, internacional, profunda y que transcurrió durante casi toda la década de los setenta. En México, los teóricos del Estado duraron décadas sin ningún intercambio entre ellos, no había ninguna preocupación por interacciones teóricas sino después de la década de los setenta, cuando la polémica entre marxistas inquietó también a los teóricos de la concepción liberal del Estado.
A pesar de lo dicho sobre Marx y Engels, el primero tiene una concepción del Estado que uno encuentra como el trasfondo de su libro La lucha de clases en Francia138 y en otros breves escritos. En el Manifiesto del partido comunista, Marx afirma que el Estado es en esencia la dictadura de una clase minoritaria, la burguesía, sobre una clase mayoritaria, el proletariado, y otras clases medias. Aparte de su libro sobre el origen del Estado donde habla del origen de la familia y la propiedad privada, Engels hace su propia contribución expuesta más adelante.
En su pretendida interpretación de Marx sobre el Estado, Lenin lo concibe como un instrumento de la burguesía para ejercer su dominio político, económico e ideológico sobre el resto de la sociedad; lo ve como algo intermedio, neutral, independiente de la burguesía y del proletariado y, por lo mismo, como si estuviera por encima de ambos. Esta concepción leninista del Estado no difiere en nada de la liberal, que promueve la burguesía y sus ideólogos.
Lenin tiene una expresión que no deja duda de su concepción estatal:

tal Estado es una máquina destinada a la opresión de unos por otros. Y esta máquina la pondremos en manos de aquella clase que debe derrocar el poder del capital […] Nosotros arrebatamos esta máquina a los capitalistas y nos apropiamos de ella. Con esta máquina o garrote destruiremos toda explotación.139

Posteriormente, en vísperas del triunfo de la Revolución rusa, escribió otro texto sobre el Estado y la revolución en el que lo supone innecesario porque ya no habrá quien domine ni a quien dominar, solo quedaría un aparato administrativo cuya labor sería tan sencilla que hasta una cocinera lo podría dirigir.
Hay un capítulo sobre el Estado en el libro Anti–Düring, cuya autoría es de Marx y Engels. Ahí afirma Engels que, al tomar el poder del Estado los trabajadores, todos los medios de producción pasarán a manos del Estado. Esta práctica, después del triunfo de una revolución promovida por marxistas, se hizo pensar propiedad de la sociedad mediante el poder estatal; en países capitalistas se le denominó «nacionalizar» porque pasaba a ser propiedad de la nación y podía disponer de esos bienes el Estado por medio de su representante en turno, el gobierno. Tanto socializar como nacionalizar son, con toda propiedad, estatalizar: todo lo que dejó de ser propiedad privada pasó a ser propiedad del Estado, aunque llevara una envoltura ideológica con la que pretendía ocultar al Estado como propietario.
Veamos en síntesis la contribución de Engels sobre el Estado: en una discusión contra Bakunin, en enero de 1872, en la que este, siguiendo el pensamiento de Proudhon, afirma que el mal más grave no es el capital ni el antagonismo de clase, sino el Estado; Engels aclara que «el poder del Estado no es más que una organización adoptada por las clases dominantes […] para proteger sus privilegios sociales»;140 continúa en otra parte: «el Estado moderno, cualquiera que sea su forma, es una máquina esencialmente capitalista, un Estado de los capitalistas: el capitalista total ideal […] La propiedad estatal de las fuerzas productivas no es la solución al conflicto, pero lleva ya en sí el medio formal, el mecanismo de la solución».141
Cuando Engels asevera lo anterior hablando del poder estatal constituido directamente por los trabajadores y no por un partido que dice representarlos: «El proletariado toma el poder del Estado y transforma primero los medios de producción en propiedad estatal. Pero con eso se supera a sí mismo como proletariado, supera todas las diferencias y contraposiciones de la clase, y con ello, el Estado como tal Estado».142 En esta parte de Engels donde se supera el Estado como tal Estado estuvo el error de Lenin al interpretar que desaparecería y solo quedaría un aparato administrativo;143 el resultado no podía ser y no fue el mismo. Es la existencia de un Estado conformado por el proletariado el que lo convierte en representante de toda la sociedad y se supera a sí mismo como clase. Esta, constituida en Estado, supera todas las diferencias y contraposiciones clasistas. En el caso de Lenin, no es el proletariado el que se constituye en Estado, sino el partido dirigido por intelectuales, algunos de ellos renegados de la clase burguesa. Aquí estuvo el error de Lenin: este partido constituido en Estado, lejos de conducir a la desaparición del mismo, fortaleció la existencia de un Estado que nunca se superaría como tal Estado. La idea de que solo quedaría un aparato administrativo que hasta una cocinera podría dirigir se convirtió en una fuente de constantes ironías sobre la previsión leninista.
Lenin entonces tuvo su propia concepción del Estado y la formación de un partido vanguardia. De ambas se desprendió una estrategia en la que el partido tomaría el poder representando a los trabajadores y desde ahí emprendería iniciativas que terminarían formando una sociedad socialista; un intelectual de ahora, Immanuel Wallerstein, la denomina «estrategia de dos pasos»144 porque todos esos revolucionarios solo dieron el primer paso, tomaron el poder y nunca pasaron al socialismo; al contrario, dieron marcha atrás al capitalismo de libre competencia y corporaciones.

El socialismo

La concepción leninista de socialismo está relacionada y depende de cómo concibe el capitalismo. Antes y después de Marx y Engels, de igual manera antes y después de Lenin, se ha teorizado sobre aquel. Marx escribió sobre el comunismo y destacó la posibilidad de que los hombres pasaran de una actividad a otra y estuvieran igualmente capacitados para realizarlas. Después de él, muchos marxistas teorizaron sobre el socialismo como un periodo histórico entre capitalismo y comunismo; el socialismo era entonces el principio del comunismo. Engels elaboró una concepción de socialismo con el atributo de científico, el «socialismo científico» sirvió para diferenciarlo del socialismo utópico de los franceses e ingleses anteriores al marxismo.
Lenin habla en ocasiones de socialismo y en otras de comunismo, como cuando se refiere a sus críticos desde la izquierda después del triunfo de la revolución en un trabajo que titula La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo. La socialdemocracia destacaba dos rasgos principales del capitalismo: la propiedad privada de los medios de producción y caos en la misma. En un principio la condena abarcaba toda propiedad privada como una herencia que se aceptaba de Proudhon cuando concluyó tajante: «la propiedad es un robo». Posteriormente, esa expresión era más propia de los medios de producción, pero se le fue llamando de otra manera. Los productores fueron expropiados de sus medios de producción y, por lo mismo, los expropiadores serían expropiados por los primeros.
Sin embargo, la concepción leninista de capitalismo mantuvo las dos características propias de la socialdemocracia. Después de la coyuntura internacional que abrió la Primera Guerra Mundial, cambiaron el nombre del partido porque los socialdemócratas alemanes habían «traicionado» a los trabajadores al apoyar a sus explotadores que habían declarado la guerra; pero, aunque adoptaron otro nombre, no modificaron su concepción, pues continuaron concibiendo el capitalismo como propiedad privada y caos en la producción. La concepción leninista de socialismo fue lo opuesto a la anterior: como ausencia de propiedad privada y planificación por parte del Estado para acabar con el caos capitalista.
Tal concepción de socialismo sirvió de coraza para no aceptar las críticas de todo tipo, pero muy en particular de los marxistas críticos, aunque se demostrara que, si bien no había propiedad privada de los medios de producción, el Estado detentaba la propiedad de los mismos y, por ello, no era socialismo, sino capitalismo de Estado. La propiedad estatal de los medios de producción evitó que los trabajadores expropiados pudieran expropiar a sus expropiadores. Si el capitalismo era para Marx la separación de los trabajadores de sus medios de producción, el socialismo sería volver a la unidad de los trabajadores con dichos medios, cuestión que nunca aceptó Lenin, pues se opuso a ella antes y sobre todo después del triunfo de la Revolución rusa.

Referencias

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Marx, Carlos y Friedrich Engels: Obras escogidas en tres tomos, Tomo ii, Moscú, Progreso, 1973
Pereyra, Carlos, en Elvira Concheiro et al.: El partido obrero en Marx, Ciudad de México, Ediciones de cultura popular, 1985
Sosa, Raquel, en Elvira Concheiro et al.: El partido obrero en Marx, Ciudad de México, Ediciones de cultura popular, 1985
Von Beyme, Klaus: Marxismo y democracia, C.D. Kernig, Tomo vi, Madrid, Ediciones Rioduero, 1975
Wallerstein, Immanuel et al.: ¿Tiene futuro el capitalismo?, Ciudad de México, Siglo xxi, 2015

Notas

105 V. Lenin: ¿Qué hacer?, p. 31.
106 Ib.: p. 31.
107 K. Beyme: Marxismo y democracia, p. 145.
108 E. Concheiro: El partido obrero en Marx, pp. 30–31.
109 C. Pereyra: El partido obrero en Marx, p. 42.
110 R. Sosa: El partido obrero en Marx, p. 120.
111 R. Sosa: op. cit., pp. 121–122.
112 K. Von Beyme: Marxismo y democracia, p. 145.
113 K. Von Beyme: op. cit., p. 146.
114 Ib., pp. 146–147.
115 M. Liebman: La conquista del poder (El leninismo bajo Lenin, I), p. 29.
116 M. Liebman: op. cit., p. 31.
117 V. Lenin: Obras completas, pp. 13–14.
118 C. Marx y F. Engels: Obras escogidas en tres tomos, tomo iii, p. 17.
119 K. Von Beyme: op. cit., p. 144.
120 M. Liebman: op. cit., p. 49.
121 K. Von Beyme: op. cit., p. 146.
122 M. Liebman: op. cit., p. 51.
123 Ib., pp. 86–87.
124 Ib., pp. 55–56.
125 Ib., p. 82.
126 Ib., p. 202.
127 C. Marx: Obras escogidas en tres tomos, Tomo i, p. 542.
128 F. Engels: Antidhüring, p. 277.
129 F. Engels: op. cit., p. 278. Cursivas en el original.
130 C. Marx y F. Engels: Obras escogidas en tres tomos, Tomo ii, pp. 199–200.
131 V. Lenin: Obras completas, p. 17.
132 Ib., p. 23.
133 Una mayor explicación acerca de la Comuna y una crítica más elaborada sobre la interpretación leninista de la dictadura del proletariado se puede encontrar en mi libro El trabajo tiene una propuesta democrática para todos. Experiencias de la historia y vivencias de actualidad, publicado por primera vez en 2008 con el apoyo de Gobierno del Estado y la Universidad Autónoma de Zacatecas.
134 V. Lenin: Obras escogidas en tres tomos, Tomo iii, p. 123.
135 En ruso, Совхоз.
136 En ruso, колхоз.
137 U. Cerroni: Problemas de la transición al socialismo, p. 84.
138 C. Marx: Obras escogidas en tres tomos, Tomo i, pp. 190–293.
139 V. Lenin: Acerca del Estado, p. 29.
140 C. Marx y F. Engels: Obras escogidas en tres tomos, Tomo ii, p. 449.
141 F. Engels: op. cit., p. 276.
142 Ib., p. 277. Cursivas en el original.
143 V. Lenin: Obras completas, Tomo xxvii, p. 27.
144 I. Wallerstein et al.: ¿Tiene futuro el capitalismo?, pp. 34–35.

Eligio Meza Padilla

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